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Biutiful

¿Quién oye a los peces cuando lloran? (Henry David Thoreau)

Existe una vida perra que maltrata
y araña, que hiere y escuece,
sin servicios de atención al cliente,
repleta de urgencias,
con una lista de espera donde siempre
se cuela el olvido primero en la fila.

Hablo de ciudades oscuras cuando es de noche
y a plena luz. Hablo de niños sin juguetes.
Con padres, pero huérfanos. Hablo de mantas
que abrigan nubes grises
y piratas que naufragan en la calle
sin cofre del tesoro, sin paraísos
soñados en patera. Hablo de cuentos chinos
a la luz de la luna de un audi oscuro
que conduce a un taller inmundo
repleto de máquinas de coser injusticias.

Existe un mundo sórdido que vomita
cada mañana mientras tú y yo
-ajenos a él- devoramos donuts.
Allí hay cáncer y hay mendigos,
gente buena con mala suerte,
gente mala con poder,
gente sin poder hacer nada.
Y también hay desgraciados,
que con todo, nada.

Hablo de los rascacielos que presumen
de éxito mientras la gente se arrastra
por el fango del asfalto. Hablo de cuando la vida
es una alcantarilla y no sirve
tirar de la cadena. Hablo de las ratas
de primera clase. Del "business" si están de moda.

No es justo, me repito. Existe un mundo bipolar,
hablo de frío ártico, de una temperatura gélida
elevada al cuadrado. De un infierno que congela
y quema al mismo tiempo.

Y lo triste, lo verdaderamente injusto y triste es que
-para ti, para mí- el drama dura una página,
el boletín de hora 14, los 120 minutos
de una película o las líneas de un poema
con pretensiones de balcón.

Impresiones derivadas de este "biutuful world", que no cantaría Amstrong

Comentarios

Miguel Cobo ha dicho que…
Puede que nadie nos salve del naufragio, pero agarrarse a esta tabla poética "razón nos da de la esperanza". No sé, pero me parece que estás madurando un estilo tan personal que supone una incursión muy innovadora en el campo de la poesía social y del compromiso, con un lenguaje actual y hondo al mismo tiempo. Y el que piense que esto lo digo porque soy tu padre, se equivoca.

Un abrazo
mjm ha dicho que…
Existe también un mundo donde el amor y la calma son posibles, donde se vuelve una y otra vez a los paraisos de la infancia, donde la amistad crece y se reinventa a diario aunque no se alimente con la presencia (ayer hablé con tu padre en directo).
Tu poema destila tristeza y eso no está bien.
Intenta tentativas,experimentos, transformaciones,escapes,huidas,descargas, liberaciones, cambios, mutaciones,meditaciones hasta que te gustes a tí mismo y en el trozo del espejo que rompistes...te verás envuelto en un sudario de paz.
Nota: Esto último no es mío es un poema de G.F.
Un beso desde el Realejo.
Alfonso C. Cobo Espejo ha dicho que…
Agradezco siempre tus palabras, papá. Hay situaciones, problemas que no dejan a uno indiferente, aunque sea por un lapso de tiempo. Escribir es esperanza y desahogo. Confesión en primera persona. Desnudez.

.............

María José, el poema destila en este caso realidad. La que está oculta en una calle que pisamos a diario. La realidad escondida que no queremos buscar. Yo no me disgusto a mí mismo. Soy afortunado. Me disgustan ciertos alrededores. Historias desconocidas, subterráneas del extrarradio y del "intrarradio" de las ciudades que habitamos. Besos.
Andrea ha dicho que…
Me encanta.
Y me indigna que muy poca gente vea ese mundo, que no es otro que el nuestro.
Alfonso C. Cobo Espejo ha dicho que…
Gracias, Andrea. Es un placer verte, tú que eres tan primer atún. Besos.

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El poeta puede

El poeta puede ver el beso
medio lleno o medio vacío
El poeta lima
El poeta lame
El poeta no tiene lema
El poeta le busca todas las vueltas a Roma
rema que te rema
rima que te rima
de ramo en ramo
El poeta puede volar por los aires
y estrellarse en el cielo.
Acaso entonces se da cuenta:
su poema ha llegado a su ocaso.

Mañana iremos todos juntos a comer croquetas

Estaba en Madrid. Tenía un trabajo bonito y mal pagado. Vivía rodeado de libros, de viejas y de nuevas historias. Esa tarde era un parque y primavera. Una llamada cerró el parque y nubló el cielo. No quiero escribir aquí sobre las lágrimas que recorrieron aquel trayecto de vuelta a casa. Me niego.

Yo escribo aquí sobre el río de generosidad que se desbordaba siempre a tu paso. Me gustaría hablar también de la lluvia. En tu casa diluviaban besos. Yo he crecido regado por tu cariño y tu alegría.

Han pasado seis años y tu río no se seca porque siempre llueves, abuela.

Me gustaría mucho decirte que soy feliz y que mañana, después de misa con zapatos nuevos, iremos todos juntos a comer croquetas.





Tarde de frío

El domingo tirita
cuando se hace de noche
y sabe que su tiempo aquí se acaba.

Bicicletas de invierno
reclaman su condición de juguete de verano
y las manos en el manillar
suplican guantes a Dios.

La lluvia
se presenta en la escena
sin tarjeta de invitación.
La dejan pasar
a pesar de eso.

No hay manual para calles mojadas
cansadas de asfalto
ni instrucciones para sortear
charcos.

Pedales y frenos.
Luces.
Intermitentes.

Algún día el viento
te dirá algo.