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Mostrando entradas de mayo, 2009

Estados de un poema en apuros

Este poema pende de un hilo,
sus versos son un precipicio.
Si no lo agarras, puede caerse.

Este poema se está congelando,
sus versos están fríos.
Si no lo abrigas, será hielo.

Este poema se derrite,
sus versos se consumen como una vela.
Si no soplas, puede diluirse.

Este poema quiere volar,
sus versos sueñan con ser pájaros.
Si no abres tu jaula, nunca despegará.

Este poema quiere aprender a besarte,
sus versos son lenguas que te buscan.
Si no le prestas tu boca, morirá.

Este poema ya ha comenzado a arder,
sus versos queman,
¡Sálvalo!

En lo oscuro

Ya no es tan valiente el viento,
aunque llegan aromas de aire fresco.
Oigo de fondo el ruido de trenes,
de maletas y de flechas.
Siento de nuevo el miedo
como el cuello que aprieta una corbata.
Pero también escucho la música,
las melodías de amigos
de diversas geografías.
Guardo en mi memoria
todas vuestras caras
en lo oscuro
de esta madrugada

La chica de la ciudad de la lluvia

¿Por qué son tan reales
y se esfuman cuando abro los ojos?
¿Por qué saben tan bien
y mi boca está seca si amanezco?
¿Por qué son invisibles
cuando se filtra el sol por las persianas?
No conozco las respuestas.
Sólo sé que a veces floto,
y beso, mientras sueño,
a la chica de la ciudad de la lluvia.