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Mostrando entradas de abril, 2009

Estambul

Un año después
te veo azul, Estambul,
a través de los cristales
del tranvía nostálgico
que te recorre.

Recuerdo tus medusas mágicas
en Yerebatan,
el sonido del agua
entre luces y sombras.

Recuerdo tu inmensidad desde Gálata,
las orillas del Bósforo
y ese gran puente que cruza a Asia
a velocidad de crucero.

Recuerdo tus mezquitas,
tus rezos,
tu gente
y tus ruidos.

Recuerdo tu mar Negro,
tus kebabs
y el sueño de Sinbad
con aromas a bazar.

Ave Mar

Por el mar de olivos de Machado
navegan aves a gran velocidad.
Son aves sin alas,
que vuelan a ras de suelo.
Son ligeras,
aunque su carga es pesada.
Transportan sueños, miedos
e ilusiones
de seres blancos, negros y amarillos
por el mar de olivos de Machado.

Tu nombre envenena mis sesos

Tu nombre envenena mis sesos:
se cuela por mi zumo de naranja,
lo unto en mis tostadas,
me acompaña en la oficina,
lo trago junto al humo de los cigarrillos,
me persigue en cualquier tren,
está ahí cuando lluevo,
y no me abandona si río.
Es la tentación de la manzana,
el pecado que vence al pan y al vino
y yo no hago más que pegarme hostias
mientras veo como vuela el calendario.

Semáforos

La ciudad aún duerme,
devuelve la madrugada
pasajes de mi vida.
Los semáforos en rojo
me permiten detenerme en los detalles:
"Aquí cantamos borrachos"
"En esta avenida intenté besarte"
"Nos perdimos en aquel callejón"
"A la vuelta de esa esquina olvidé tu nombre".
Los semáforos en verde
me confirman:
"Qué rápido pasa todo".