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Facebook

Veo en un pequeño recuadro
que ahora eres amiga de
Brian y Marcella
y que a las nueve de este otoño
irás a beber melancolía
de once grados con Luis.

Descubro que te gusta
pisar los charcos
cuando llueve
y que detestas los inviernos
en abril.

Aunque ya no hablo contigo,
conozco tu ciudad actual
y recuerdo cuál fue tu origen,
que cumples años en diciembre
y te gusta prender fuego
al calendario si te arrastra
la nostalgia en primavera.

Últimamente has viajado a Lisboa,
intuyo que te mecen los tranvías
y te seducen los viejos cafés
color sepia.
Lo sé por tu fotografía
en aquella calle de Bruselas,
donde Magritte fumaba en pipa dorada.

Sueles cambiar de cara a menudo,
me divierten tus gafas de sol
en noviembre
y disfruto con tu colección de sonrisas
o el último vestido azul
que guardas en tu perfil.

Vuelves a estar soltera,
aunque te acompañan ciento veinte
comentarios por debajo
dándote ánimos
y diciendo que él era un idiota.

Aún tiritas cuando alguien te habla
del pasado.
Por eso has borrado mi felicitación
de cumpleaños
y has dejado en blanco y negro
las fotos de aquel día de sol en París.

Sigues admirando a los Beatles,
una colección de enlaces recuerdan
las melodías de Norwegian Wood,
y de los campos repletos de fresas
alrededor del universo.

Pero, ¿en qué estoy pensando?,
me digo mientras actualizo
mi estado,
pero, ¿qué estado?
Sólido, líquido, gaseoso...
mi preferida de Dylan,
las imágenes de mi último viaje
-ya sin ti-
o una cita sin espacio ni tiempo,
convertida en verso aislado.

Vuelvo a caer en tu red,
y ni tú sabes pescar
ni sé yo ser pez.

Comentarios

Desde la luna ha dicho que…
Escalofriante, bello y tan real...
Miguel Cobo ha dicho que…
Yo creo que es lo mejor que se ha escrito en Facebook.

Hay dolor, pero un dolor fértil, con una siembra de belleza que te dará la fuerza. Y éste es ya el primer triunfo.
Loro ha dicho que…
Me ha llegado, es bonito. Otra pequeña alegría en esta mañana de lunes. Gracias, Alfonso. Un abrazo.
Alís ha dicho que…
Llevo un tiempo ya leyéndote en silencio y enganchándome a tus poemas. Con éste ya no callo.
Contemporáneo, íntimo y el final, magnífico

Un saludo
fran ha dicho que…
hola, di con tu blog por casualidad, compartimos algo, supongo que el gusto por son de mar. saludos
Iria ha dicho que…
¿Lo mejor de Facebook? Lo mucho que nos inspira. A tí te ha inspirado este magnífico y moderno poema. Enhorabuena y un saludo.
Norit ha dicho que…
Tan próximo y cercano a uno y a la realidad que cala por dentro, un final perfecto.
Alfonso C. Cobo Espejo ha dicho que…
Muchas gracias a todos por vuestros comentarios. Espero que sigáis navegando por este mar de dudas, intenciones y sentimientos.

A los que comentáis de vez en cuando, gracias por estar ahí. Y a los recién llegados, bienvenidos a este mar, que es vuestra orilla.
Alberto Granados ha dicho que…
Realmente original. Muy bueno.Y no es por darle "cobo" a tu padre.
Un abrazo,

Alberto Granados
Anónimo ha dicho que…
Muy bueno...
PMPilar ha dicho que…
Se me pasó por alto, disculpas, que "Sigo admirando a los Beatles y cultivaba con mimo campos y campos de fresas, todas rojas entonces"

( lo sabe Miguel Cobo Rosa (!!) y, guiada de su mano, ahora lo sabes tú, Alfon)
Un auéntico descubrimiento, poeta.
De tal palo, tal astilla, ¿Sí?

Mi abrazo enorme

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El poeta puede

El poeta puede ver el beso
medio lleno o medio vacío
El poeta lima
El poeta lame
El poeta no tiene lema
El poeta le busca todas las vueltas a Roma
rema que te rema
rima que te rima
de ramo en ramo
El poeta puede volar por los aires
y estrellarse en el cielo.
Acaso entonces se da cuenta:
su poema ha llegado a su ocaso.

Tarde de frío

El domingo tirita
cuando se hace de noche
y sabe que su tiempo aquí se acaba.

Bicicletas de invierno
reclaman su condición de juguete de verano
y las manos en el manillar
suplican guantes a Dios.

La lluvia
se presenta en la escena
sin tarjeta de invitación.
La dejan pasar
a pesar de eso.

No hay manual para calles mojadas
cansadas de asfalto
ni instrucciones para sortear
charcos.

Pedales y frenos.
Luces.
Intermitentes.

Algún día el viento
te dirá algo.

Mañana iremos todos juntos a comer croquetas

Estaba en Madrid. Tenía un trabajo bonito y mal pagado. Vivía rodeado de libros, de viejas y de nuevas historias. Esa tarde era un parque y primavera. Una llamada cerró el parque y nubló el cielo. No quiero escribir aquí sobre las lágrimas que recorrieron aquel trayecto de vuelta a casa. Me niego.

Yo escribo aquí sobre el río de generosidad que se desbordaba siempre a tu paso. Me gustaría hablar también de la lluvia. En tu casa diluviaban besos. Yo he crecido regado por tu cariño y tu alegría.

Han pasado seis años y tu río no se seca porque siempre llueves, abuela.

Me gustaría mucho decirte que soy feliz y que mañana, después de misa con zapatos nuevos, iremos todos juntos a comer croquetas.