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Mostrando entradas de mayo, 2012

Eros, responde

¿Qué suelo nos pisa?
¿Qué luz nos apaga?
¿Qué oscuridad nos duerme?
¿Qué besos nos atrapan?
¿Qué voz nos ahuyenta?
¿Qué sueños nos despiertan?
¿Qué cielo nos arrastra?
¿Qué cartas nos hieren?
¿Qué senderos nos pierden?
¿Qué recuerdos nos olvidan?
¿Qué música nos hipnotiza?
¿Qué verdad nos miente?
¿Qué aliento nos asusta?
¿Qué presente nos aleja?
¿Qué desierto nos atormenta?
¿Qué cristal nos acaricia?
¿Qué estaciones nos abandonan?
¿Qué hechizo nos condena?
¿Qué páginas nos evaporan?
¿Qué palabras nos silencian?
¿Qué azul nos nubla?
¿Qué verano nos congela?
¿Qué amor nos ahoga?

Instrucciones de lectura: Escucha los violonchelos de fondo, mientras Caetano Veloso habla de la visión del silencio, de un ángulo vacío, de una página sin letras, una carta escrita sobre un contorno de piedra y vapor. Amor, inútil ventana.

Tormenta

Estoy oyendo los truenos.
¿Dónde hay más tormenta:
ahí afuera o aquí dentro?
No soy capaz de exiliar
a los signos de interrogación
y disipar la duda,
cerrar el paraguas.

Hace un mes que no leo
más de dos páginas seguidas de una novela.
¿Pereza o drama?
Dos nuevos signos sin orden de alejamiento,
sin medios para independizarse.

Cada día miro el calendario.
Ahora más que nunca. Tacho los días que pasan
con un rotulador rojo permanente.
Es curioso, permanente para algo que ya ha pasado.
Que ya es pasado. Una cruz roja.
Voluntariamente, pretérito perfecto simple.
Esos días trabajé, comí, amé, callé, besé, hablé.
Algo dormí. Intuyo, soñé.
Rara vez recuerdo lo que sueño.
Cuando ocurre suele ser triste o bello. Sin término medio.
Despertar es un alivio o una putada. Depende.

El caso es que se avecina el futuro
y viene conjugado imperfecto.
Cada día nuevo por venir tiene una incertidumbre
marcada con tinta invisible (o que no quiero ver),
un vértigo "esdrújulo" con acento vocal, c…

El diccionario de las palabras vacías

Hubo una vez un hombre que intentó escribir un diccionario de palabras vacías. Cogió un bolígrafo y una hoja de papel y escribió "hueco". De repente, una parte del papel se manchó de tinta y rellenó un espacio de la hoja. Convencido de que podría encontrar otras palabras, escribió "muda" y el papel se llenó de letras. Cuatro letras que hablaban lo dejaron sin habla. Pero no se rindió. Volvió a sujetar el bolígrafo con fuerza y escribió "silencio". En ese preciso instante, el papel se llenó de bocas que le gritaban que cesara en su intento de buscar palabras vacías.

Fuera, en la calle, se vendía humo a un precio elevadísimo. Lo nunca visto, según los habitantes más viejos del lugar.