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Mostrando entradas de febrero, 2009

Geografía

Limito al norte con tus montañas,
más allá de ellas están tus labios
y tu luz.
Limito al oeste con tu lado salvaje,
ese que juega a hacer caricias
sólo con las uñas.
Limito al este con tu vértigo,
que araña a veces si hay tormenta,
pero es abrigo si nieva.
Limito al sur con tu cueva,
húmeda, pero cálida
el sur del sur ya no me importa
y además está repetido.

Mensajes encontrados en viejas botellas

"Blografía" (o los viajeros descalzos)

Los viajeros descalzos llenan los trenes en invierno,
son marionetas que vagan sin rumbo,
huyen como el hombre con miedo que incumple sus promesas.
Les atormentan las miradas y los recuerdos nocturnos y tramposos.
Su travesía intrusa por el vagón de los sueños
se esfuma cuando llueve y dejan de sonar las melodías de Hardy.
Su deseo se enfría y les escuecen las heridas,
recuerdan aquellas viejas cartas de arena
que se perdieron al cambiar de estación.
Los viajeros descalzos desconfían del tiempo,
tiran los relojes por la parte trasera de su asiento
y se pierden junto con las letras arrugadas de sus diarios.
Su desconfianza les condena a vivir presos del insomnio.
Su trayecto es un verso que confunde amistad y placer
como ocurre en los poemas que se escriben durante las calurosas noches de verano.
Los viajeros descalzos dan vueltas en un carrusel de identidades,
no aprenden a pasar página e imaginan minimundos
donde son posibles los reencuentros:
En París, en Bellecour, en Córdoba, en Bruselas,
en Nantes…

Despertar febril

Es el primer domingo de febrero. Este mes se va más deprisa que los otros. Es un día lluvioso. Quizás todavía estés durmiendo tras una noche larga en lugares oscuros. Esos lugares donde se habla sólo con miradas y gestos. Probablemente a tu lado haya una persona envuelta en tus sábanas rojas. Tienes miedo a despertarte porque no sabes si te sorprenderás al ver su cara. Está sonando un piano de fondo. La habitación es un jazz desordenado. Tu ropa, su ropa, su reloj, su pulsera. Todo es una melodía extraña. La habitación está impregnada de tabaco y sexo y aún retumba en tu cabeza el último ron con cola. ¿O no fue el último? Cada vez llueve más fuerte. Tú intentas convencer a tus párpados de que todavía no es el momento de levantarse. El ruido del agua y del piano no te ayudan en este peculiar duelo. La otra persona respira muy fuerte. Está profundamente dormida.