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Entradas

La marioneta

A pan y agua. sólo me queda seguir la dieta del preso. La marioneta resulté ser yo mismo, quizás debí quedarme en Praga escuchando el Ave María o al organillero. Quizás, confuso.

El placer

Y nos despertamos una mañana cubiertos por nuestra desnudez, vigilados solamente por la novia de Matisse. PD: A Ulises Adsuara, Martina, el atún, también le sigue Matisse, Julia, Michel Vedrano o Betina.

En los tejados

Esta noche tocaba subirse a las alturas. Tras cuatro meses en Lyon, nunca me había parado a pensar que es posible convertirse en un felino más y merodear por los tejados. Y, por qué no, saltar de casa en casa como el desollinador de Mary Poppins. Si subes a la parte alta del monte de la Croix Rousse puedes ver siete ventanas, rodeadas de chimeneas y tejas, puedes ver también un río (el Saone). Si te fijas un poco más detenidamente puedes ver a un joven que decidió probar una aventura que se tornó en realidad allá por el mes de septiembre. Amanece cada día y ve el cielo, unas veces azul, otras gris; unas veces escucha caer el sonido de la lluvia como si el diluvio universal pidiese una segunda oportunidad y, a veces, por sorpresa, se despierta vestido de blanco. Y cuando anochece, las estrellas se empeñan en secuestrar a la oscuridad, hasta que ésta escapa del cauitiverio y el joven cierra los ojos. Después, sueña... Y dentro del sueño, el joven estudiante erasmus puede ver tantas cosas...

Rarezas I

El mar arrancaba con fuerza las láminas del pintor, los óleos de acuarela se llenaban de sal mientras el dibujo se difuminaba. Los pinceles intentaban dar un último toque empujados por las espumosas olas. La sonrisa de la Gioconda desapareció, El Grito se quedó callado, y más tarde, encallado; se perdieron los últimos restos de la Última Cena, los apóstoles se aferraban a cualquier hilo de vida para no perecer ahogados (al parecer, sólo Judas se salvó). Volaba el tiempo, volaba, los relojes de Dalí se perdían en las profundidades. La mar coloreada se calmó poco a poco. Al día siguiente, ella se desmayó en la orilla de la pinacoteca. Tenía una carta en la mano que decía: no puedo bes arte , no puedo abraz arte , ni mir arte , ni tampoco toc arte . Mientras, en el kiosko de la esquina, el periódico de la mañana decía en primera plana: "Las principales obras de arte desaparecen en las profundidades del océano Pacífico"

L´amitié

Eran los años 60 y Françoise Hardy le puso voz a la amistad. El texto lo escribió Jean-Max Rivière y la música Gérard Bourgeois. Yo he descubierto la canción un poco más tarde, la tarde noche del 19 de diciembre y 40 años después de que se compusiese en el salón de mi casa en Córdoba. Era la banda sonora de una película franco-canadiense (Les invasions barbares). Desde hoy para mí la amistad tiene esta letra y se canta en francés: Beaucoup de mes amis sont venus des nuages Avec soleil et pluie comme simples bagages Ils ont fait la saison des amitiés sincères La plus belle saison des quatre de la terre Ils ont cette douceur des plus beaux paysages Et la fidélité des oiseaux de passage Dans leur coeur est gravée une infinie tendresse Mais parfois dans leurs yeux se glisse la tristesse Alors, ils viennent se chauffer chez moi Et toi aussi tu viendras Tu pourras repartir au fin fond des nuages Et de nouveau sourire à bien d'autres visages Donner autour de toi un peu de ta tendresse Lor...

Cinema Paradiso

Siéntate, acomódate y mira la pantalla: tú eres ese que está ahí, gateando en el pasillo de tu antigua casa, montándote en el primer carrusel de feria, con tu primer helado, el primer balón de reglamento, la piscina y el flotador -muévete sin parar si no quieres hundirte-. El primer beso, las copas con los amigos viajes, estudios, tú, haciendo la maleta Ahora estás en otro sitio, carreras y cuaderno de viaje -muévete sin parar si no quieres hundirte-. Aún hay carrete, queda mucha película; reserva un asiento en Cinema Paradiso, pero hasta el día de la última secuencia... -muévete sin parar si no quieres hundirte-.

El piano

Se perdió en laberintos con manual de instrucciones, no encontró en los mapas la capital de la verdad se desvaneció en carreteras cortadas por obras; interminables. Suena un piano en la habitación, no hay suficientes escalones para alcanzar la cima, pero la música le eleva un peldaño más... Quizás algún día sí