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Rarezas I

El mar arrancaba con fuerza las láminas del pintor, los óleos de acuarela se llenaban de sal mientras el dibujo se difuminaba. Los pinceles intentaban dar un último toque empujados por las espumosas olas. La sonrisa de la Gioconda desapareció, El Grito se quedó callado, y más tarde, encallado; se perdieron los últimos restos de la Última Cena, los apóstoles se aferraban a cualquier hilo de vida para no perecer ahogados (al parecer, sólo Judas se salvó). Volaba el tiempo, volaba, los relojes de Dalí se perdían en las profundidades. La mar coloreada se calmó poco a poco. Al día siguiente, ella se desmayó en la orilla de la pinacoteca. Tenía una carta en la mano que decía: no puedo besarte, no puedo abrazarte, ni mirarte, ni tampoco tocarte.

Mientras, en el kiosko de la esquina, el periódico de la mañana decía en primera plana: "Las principales obras de arte desaparecen en las profundidades del océano Pacífico"

Comentarios

El ratón entre limones ha dicho que…
Que alto está el cielo, que lejos y que cerca están las nubes, parece que puedas tocarlas y sin embargo escapan y se deshacen...

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Veo en un pequeño recuadro
que ahora eres amiga de
Brian y Marcella
y que a las nueve de este otoño
irás a beber melancolía
de once grados con Luis.

Descubro que te gusta
pisar los charcos
cuando llueve
y que detestas los inviernos
en abril.

Aunque ya no hablo contigo,
conozco tu ciudad actual
y recuerdo cuál fue tu origen,
que cumples años en diciembre
y te gusta prender fuego
al calendario si te arrastra
la nostalgia en primavera.

Últimamente has viajado a Lisboa,
intuyo que te mecen los tranvías
y te seducen los viejos cafés
color sepia.
Lo sé por tu fotografía
en aquella calle de Bruselas,
donde Magritte fumaba en pipa dorada.

Sueles cambiar de cara a menudo,
me divierten tus gafas de sol
en noviembre
y disfruto con tu colección de sonrisas
o el último vestido azul
que guardas en tu perfil.

Vuelves a estar soltera,
aunque te acompañan ciento veinte
comentarios por debajo
dándote ánimos
y diciendo que él era un idiota.

Aún tiritas cuando alguien te habla
del pasado.
Por eso has borrado mi felicitación
de cumpleaños
y ha…

Trece febreros y dos días

Han pasado trece febreros.
Trece febreros y dos días.
El invierno era entonces distinto.
Más largo,
más frío.
Yo era un joven de secano
que buscaba mensajes en el mar.
Hoy,
trece febreros y dos días después
sé que no hay guaridas para náufragos
y que no hay náufrago
que no busque,
alguna vez,
una guarida.

El poeta puede

El poeta puede ver el beso
medio lleno o medio vacío
El poeta lima
El poeta lame
El poeta no tiene lema
El poeta le busca todas las vueltas a Roma
rema que te rema
rima que te rima
de ramo en ramo
El poeta puede volar por los aires
y estrellarse en el cielo.
Acaso entonces se da cuenta:
su poema ha llegado a su ocaso.