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El diccionario de las palabras vacías


Hubo una vez un hombre que intentó escribir un diccionario de palabras vacías. Cogió un bolígrafo y una hoja de papel y escribió "hueco". De repente, una parte del papel se manchó de tinta y rellenó un espacio de la hoja. Convencido de que podría encontrar otras palabras, escribió "muda" y el papel se llenó de letras. Cuatro letras que hablaban lo dejaron sin habla. Pero no se rindió. Volvió a sujetar el bolígrafo con fuerza y escribió "silencio". En ese preciso instante, el papel se llenó de bocas que le gritaban que cesara en su intento de buscar palabras vacías.

Fuera, en la calle, se vendía humo a un precio elevadísimo. Lo nunca visto, según los habitantes más viejos del lugar.

Comentarios

Ro ha dicho que…
me encanta. besos
Miguel Cobo ha dicho que…
Por eso cada una de tus palabras está LLENA de sentido. ¡Y de sentimiento! Las tuyas no son humo: Son ascuas.

Un abrazo, fils.
Miguel Cobo ha dicho que…
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Beluka ha dicho que…
La frase final me parece bru-tal! Precioso!

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El poeta puede

El poeta puede ver el beso
medio lleno o medio vacío
El poeta lima
El poeta lame
El poeta no tiene lema
El poeta le busca todas las vueltas a Roma
rema que te rema
rima que te rima
de ramo en ramo
El poeta puede volar por los aires
y estrellarse en el cielo.
Acaso entonces se da cuenta:
su poema ha llegado a su ocaso.

Mañana iremos todos juntos a comer croquetas

Estaba en Madrid. Tenía un trabajo bonito y mal pagado. Vivía rodeado de libros, de viejas y de nuevas historias. Esa tarde era un parque y primavera. Una llamada cerró el parque y nubló el cielo. No quiero escribir aquí sobre las lágrimas que recorrieron aquel trayecto de vuelta a casa. Me niego.

Yo escribo aquí sobre el río de generosidad que se desbordaba siempre a tu paso. Me gustaría hablar también de la lluvia. En tu casa diluviaban besos. Yo he crecido regado por tu cariño y tu alegría.

Han pasado seis años y tu río no se seca porque siempre llueves, abuela.

Me gustaría mucho decirte que soy feliz y que mañana, después de misa con zapatos nuevos, iremos todos juntos a comer croquetas.





Tarde de frío

El domingo tirita
cuando se hace de noche
y sabe que su tiempo aquí se acaba.

Bicicletas de invierno
reclaman su condición de juguete de verano
y las manos en el manillar
suplican guantes a Dios.

La lluvia
se presenta en la escena
sin tarjeta de invitación.
La dejan pasar
a pesar de eso.

No hay manual para calles mojadas
cansadas de asfalto
ni instrucciones para sortear
charcos.

Pedales y frenos.
Luces.
Intermitentes.

Algún día el viento
te dirá algo.