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Eros, responde



¿Qué suelo nos pisa?
¿Qué luz nos apaga?
¿Qué oscuridad nos duerme?
¿Qué besos nos atrapan?
¿Qué voz nos ahuyenta?
¿Qué sueños nos despiertan?
¿Qué cielo nos arrastra?
¿Qué cartas nos hieren?
¿Qué senderos nos pierden?
¿Qué recuerdos nos olvidan?
¿Qué música nos hipnotiza?
¿Qué verdad nos miente?
¿Qué aliento nos asusta?
¿Qué presente nos aleja?
¿Qué desierto nos atormenta?
¿Qué cristal nos acaricia?
¿Qué estaciones nos abandonan?
¿Qué hechizo nos condena?
¿Qué páginas nos evaporan?
¿Qué palabras nos silencian?
¿Qué azul nos nubla?
¿Qué verano nos congela?
¿Qué amor nos ahoga?

Instrucciones de lectura: Escucha los violonchelos de fondo, mientras Caetano Veloso habla de la visión del silencio, de un ángulo vacío, de una página sin letras, una carta escrita sobre un contorno de piedra y vapor. Amor, inútil ventana.

Comentarios

Miguel Cobo ha dicho que…
La respuesta está en el viento, como cantaba Bob.

http://www.youtube.com/watch?v=fGuNaAlTh_Q&feature=related

Abrazos, fils
Rodolfo Serrano ha dicho que…
Si pudiera saber...

Entradas populares de este blog

El poeta puede

El poeta puede ver el beso
medio lleno o medio vacío
El poeta lima
El poeta lame
El poeta no tiene lema
El poeta le busca todas las vueltas a Roma
rema que te rema
rima que te rima
de ramo en ramo
El poeta puede volar por los aires
y estrellarse en el cielo.
Acaso entonces se da cuenta:
su poema ha llegado a su ocaso.

Mañana iremos todos juntos a comer croquetas

Estaba en Madrid. Tenía un trabajo bonito y mal pagado. Vivía rodeado de libros, de viejas y de nuevas historias. Esa tarde era un parque y primavera. Una llamada cerró el parque y nubló el cielo. No quiero escribir aquí sobre las lágrimas que recorrieron aquel trayecto de vuelta a casa. Me niego.

Yo escribo aquí sobre el río de generosidad que se desbordaba siempre a tu paso. Me gustaría hablar también de la lluvia. En tu casa diluviaban besos. Yo he crecido regado por tu cariño y tu alegría.

Han pasado seis años y tu río no se seca porque siempre llueves, abuela.

Me gustaría mucho decirte que soy feliz y que mañana, después de misa con zapatos nuevos, iremos todos juntos a comer croquetas.





Tarde de frío

El domingo tirita
cuando se hace de noche
y sabe que su tiempo aquí se acaba.

Bicicletas de invierno
reclaman su condición de juguete de verano
y las manos en el manillar
suplican guantes a Dios.

La lluvia
se presenta en la escena
sin tarjeta de invitación.
La dejan pasar
a pesar de eso.

No hay manual para calles mojadas
cansadas de asfalto
ni instrucciones para sortear
charcos.

Pedales y frenos.
Luces.
Intermitentes.

Algún día el viento
te dirá algo.