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Síndrome Bovary



"La exactitud de las palabras sencillas" (Emaús, Alessandro Baricco)

Después de la tempestad,
vino la cama
y la resaca ya solo brinda
en las orillas.

La ropa está arrugada,
otro otoño sin planchar.

Fuera es un día gris.
Al menos el cielo es gris.
¿Estarán los pintores en las plazas?

A veces colocamos demasiados signos de interrogación.
Aquí llamamos a eso "dudar".
¿Podría jurarlo? Lo dudo.

Los amaneceres son hermosos
incluso cuando hay sábanas desiertas.
Eso puedo afirmarlo.

Siempre aparece un libro,
una canción, un recuerdo,
el sabor de la memoria.

El placer aparece
en la exactitud de las palabras sencillas.
Sin fuegos artificiales. Así, Baricco, así.
Sencillo, bello.

La belleza, que puede estar en cualquier parte.
Se esconde. Se marcha. Regresa. Se vuelve a ir.
Una vez la vi reflejada en los espejos
de la lluvia.
Algunos tienen el valor de llamar a eso "charcos".

Comentarios

Miguel Cobo ha dicho que…
Me refugio en la belleza de estos versos,a salvo de cualquier naufragio en tu guarida. Tu son de mar nos llega a diario con su oleaje vital y profundo.

Sigue así, Alf.

Un abrazo
Miguel Cobo ha dicho que…
¡Ah!, y excelente el tema de Nick Drake
QuietBrown ha dicho que…
Cuánto tiempo sin pasarme por aquí... Sin decepcionar, como de costumbre, ¡gracias! =)
Alfonso C. Cobo Espejo ha dicho que…
Gracias, papá. No se cansa uno de descubrir a Baricco. Tampoco a Nick Drake ni a la profundidad de los charcos. Un abrazo.

................................

A ti, Natalia, gracias también por guarecerte por aquí de vez en cuando. Abrazos alegres.
JOAN ha dicho que…
Genial texto, como siempre q por aquí he pasado... y lleno de verdades q la vida nos va regalando, con los años!

Leerte hablando de charcos cuando en Barcelona nos llueve sebre mojado, y todo se llena de esos espejos bautizados como charcos no tiene precio!!

abrazos!!

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irás a beber melancolía
de once grados con Luis.

Descubro que te gusta
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Trece febreros y dos días

Han pasado trece febreros.
Trece febreros y dos días.
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trece febreros y dos días después
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y que no hay náufrago
que no busque,
alguna vez,
una guarida.

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rima que te rima
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