Ir al contenido principal

Hojas de noviembre



I

Es otoño, imán melancólico
de canciones tristes,
de historias con final incierto.
Meses de condicionales,
de hojas indecisas que vuelan
sin saber dónde posarse:
¿habitar el suelo de los parques,
huir del funcionario de limpieza
o estrellarse contra cuerpos anónimos?

II

Es otoño y, por las noches,
abrazo a las almohadas
pensando que eres tú,
que es tu cuerpo el que responde
a mis llamadas de emergencia:
SOS caricia, SOS susurro, Be-SOS.

III

Es otoño, y la memoria se vuelve cruel
porque incluso inventa cosas que no ocurrieron
tal como ocurrieron
unas veces edulcora,
otras dramatiza
son las hojas del tiempo
que cambian de papel.

Comentarios

Miguel Cobo ha dicho que…
Parece imposible escribir sobre una hoja muerta. Tú lo consigues.

Un abrazo, fils
Rodolfo Serrano ha dicho que…
huir del funcionario de limpieza
o estrellarse contra cuerpos anónimos?

Sí eso es el otoño
Alfonso C. Cobo Espejo ha dicho que…
No hay "Hojas del Mal" en los otoños.
Gracias papá por tus comentarios. Siempre me invitan a no parar en ninguna estación. Un fuerte abrazo.

...................................

Rodolfo, gracias también por tu comentario. Tu poema "Viejos amantes" me ha fascinado. Me honra que alguien que escribe tan bien como tú se detenga aquí. Otro abrazo para ti.
JOAN ha dicho que…
Que genial poema, desorden de ideas, en días de otoño, con la melancolia colgada cual bandolera... Me ha gustado muxo este rincón y creo q como buen náufrago he sentido haber encontrado un refugio, una playa de descanso donde venir a tender pensamientos, a escuchar historias.

Mi blog, el taller de sueños, está en catalán, pero también tengo ahora muchos textos en castellano así q te invito a dar una paseo por sus entrañas cuando quieras!

Un abrazo bloggero!!
Alfonso C. Cobo Espejo ha dicho que…
Se agradecen mucho tus palabras, Joan. Pronto este náufrago visitará tu taller de sueños. Y, si es preciso, aprenderé catalán. Un fuerte abrazo y ojalá que sigas acabando en este orilla.
Marinus. ha dicho que…
No hay nostalgia peor, que añorar lo que nunca jamás sucedió.
Me vienen los versos de Sabina al leerte...

Entradas populares de este blog

Facebook

Veo en un pequeño recuadro
que ahora eres amiga de
Brian y Marcella
y que a las nueve de este otoño
irás a beber melancolía
de once grados con Luis.

Descubro que te gusta
pisar los charcos
cuando llueve
y que detestas los inviernos
en abril.

Aunque ya no hablo contigo,
conozco tu ciudad actual
y recuerdo cuál fue tu origen,
que cumples años en diciembre
y te gusta prender fuego
al calendario si te arrastra
la nostalgia en primavera.

Últimamente has viajado a Lisboa,
intuyo que te mecen los tranvías
y te seducen los viejos cafés
color sepia.
Lo sé por tu fotografía
en aquella calle de Bruselas,
donde Magritte fumaba en pipa dorada.

Sueles cambiar de cara a menudo,
me divierten tus gafas de sol
en noviembre
y disfruto con tu colección de sonrisas
o el último vestido azul
que guardas en tu perfil.

Vuelves a estar soltera,
aunque te acompañan ciento veinte
comentarios por debajo
dándote ánimos
y diciendo que él era un idiota.

Aún tiritas cuando alguien te habla
del pasado.
Por eso has borrado mi felicitación
de cumpleaños
y ha…

Abuelo Paco

En memoria de mi querido abuelo Paco,
que se marchó hace 24 años.


Siete años
y era invierno.
Yo aún no lo sabía.
Con esa edad
nadie te enseña
a escribir
la palabra muerte.
Así que pinté
a mi abuelo en
un dibujo:
estaba rodeado
de sí mismo
y podía flotar
encima de las nubes.
Yo las pinté blancas,
sin saber
que era un día gris.
Hoy tengo ya memoria.
Puedo incluso perderla
o inventarla.
Yo recuerdo a un loco
con una bolsa de supermercado
en la cabeza.
También recuerdo a otro,
a las afueras del pueblo.
Cigarro en boca,
deambula entre la carretera
y los olivares.
Todo eso fue después,
cuando ya no estaba él.
Se me olvida el día
en que empecé a andar,
pero todavía sé mirar de pequeño
y levantar la cabeza
para ver personas grandes.
Yo te encuentro así, abuelo.

Trece febreros y dos días

Han pasado trece febreros.
Trece febreros y dos días.
El invierno era entonces distinto.
Más largo,
más frío.
Yo era un joven de secano
que buscaba mensajes en el mar.
Hoy,
trece febreros y dos días después
sé que no hay guaridas para náufragos
y que no hay náufrago
que no busque,
alguna vez,
una guarida.