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Muñoz Molina y mi colección de muñecos de goma



El otro día le dieron el Premio Príncipe de Asturias de las Letras a Antonio Muñoz Molina. Hoy descubierto su autorretrato, que es emocionante, sencillo y hermoso. Muñoz Molina es de Úbeda, un andaluz de Jaén.

Al leerlo, me ha parecido escuchar de nuevo historias de mi padre, vivencias de mi abuelo Alfonso y de otros miembros de mi familia, que son de allí o de otros pueblos de Jaén. Vivencias que son mías también.

Mi relación literaria con Muñoz Molina empieza un invierno en Lisboa. Me abrigué mucho con sus páginas. Luego me he puesto su ropa otras veces. Sea invierno o sea verano, en columnas o en novelas.

Mi padre siempre me ha hablado de él con admiración y con cariño. Recuerdo una vez, cuando chico, que nos lo encontramos en Úbeda en los soportales donde vendían los muñecos de goma que tanto me gustaba coleccionar.

Eso me ha traído otros recuerdos. En mi trastero de Córdoba, ciudad donde nací y me crié, viven ahora todos los muñecos de mi infancia: Astérix, Espinete, Superman, Pedro Picapiedra, Calimero y un larguísimo etcétera. Es una gran colección. Solían comprármelos mis padres, mi tío Juanma y mi querido abuelo Paco al salir del médico en Córdoba. Mi abuelo también me compraba Lacasitos. Creo que lo que más me gustaba era el envase largo y amarillo con la tapa roja. Eso e ir de su mano por el Paseo del Santo Cristo, mirar hacia arriba y encontrarme con su cara amable y cariñosa. Era muy pequeño y no me acuerdo muy bien, pero quiero pensar que era así.

Entonces pasábamos los veranos y muchos fines de semana en Villacarrillo, el pueblo de mi madre; y en Torreperogil, el pueblo de mi padre. Esos lugares eran nuestro mar. Y el tiempo pasaba feliz y lento en compañía de los abuelos. Es curioso, pero cuando chico, parece que el tiempo es más lento, pero no se te hace largo. O por lo menos eso me pasaba a mí.

Pero volvamos al primer recuerdo. Me sitúo de nuevo en los soportales donde se produjo nuestro encuentro con Muñoz Molina. Recuerdo que mi padre le saludó y le felicitó. ¿Qué año sería? No me acuerdo, pero ya era un escritor importante. Quiero recordar que, como mi padre, también estaba con su hijo. Nació el mismo año que yo y me pregunto si también guardará en su trastero una gran colección de muñecos de goma.

Comentarios

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