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Tercer recuadro, parte superior izquierda



A ti, que te llamas despertar
y aún no lo sabes.

Te sugiero
que compres el periódico
un viernes cualquiera.
Busca una página impar,
huye del color salmón
porque apesta a crisis
y tú no quieres seguir la corriente.
Evita el drama y la corrupción:
hay demasiada sangre amarilla
y ya bastante honor perdió Katharina Blum.

¿Me has encontrado?
¿Sí? Por fin, ya era hora:
Efectivamente, estoy ahí
en el tercer recuadro,
parte superior izquierda
disfrazado de anuncio por palabras:
"joven perdido suicida al verano
para encontrarse contigo este invierno".

No,
no seré yo quien gestione tu frío.
Son otros los servicios que presto:
yo arropo cuerpos desnudos
a plazo variable
y beso astrolabios,
los que ocultas cuando anocheces la entrepierna,
los que se abren si no me cruzo de brazos.

me ofrezco también a aprenderte de memoria
y a olvidarte si te canso.

Mientras algo de eso ocurre,
te propongo huidas temporales
de los mapas rutinarios,
martes con sabor a terrazas de verano
y cometas que no se dejan
sobornar por las tormentas.

Instrucciones de lectura: escuchar los primeros minutos de esta sugerente música que parece que gotea y acaricia al mismo tiempo.

Comentarios

Desde la luna ha dicho que…
Empiezo a leerte a 40ºC y termino con la piel de gallina y una sonrisa en los labios... Grande.
Miguel Cobo ha dicho que…
Si no fuera porque eres mi hijo, te elogiaría sin reservas. Pero como lo eres, celebraré una fiesta.
EMILIO CALVO DE MORA ha dicho que…
Lo elogio yo, Miguel. Déjame, como padre, coger los bartulos que tú no puedes.
Le falta música. Letra ya lo es.
IRENE• • • ha dicho que…
Me apunto yo también al elogio, y a la fiesta si se me permite, ya que estamos...
Genial el poema, en serio. De esos que te despiertan un latido más fuerte de la cuenta y hasta te asustas y todo.

"me ofrezco también a aprenderte de memoria
y a olvidarte si te canso."

AFÚ...
Alfonso C. Cobo Espejo ha dicho que…
Los mensajes Desde la luna siempre son aire fresco en este mar, que no se cansa. Gracias por tus palabras.
...................................

Juntos celebraremos esta fiesta el día que regrese. Cantaremos con Serrat "Hoy puede ser un gran día". Me lo planteo así. Un abrazo, papá.
...................................

Emilio, agradezco tu comentario. Que cada cual le ponga su melodía y bailemos al ritmo que marca la madrugada en una cumbre. Abrazos
...................................

Irene, celebro que te guste mi poema. Tus palabras me han llegado sinceras a estas tierras. Y las estimo y guardo como recuerdo. Un beso con acento vietnamita (ese, que nunca aprenderé a pronunciar bien)

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Veo en un pequeño recuadro
que ahora eres amiga de
Brian y Marcella
y que a las nueve de este otoño
irás a beber melancolía
de once grados con Luis.

Descubro que te gusta
pisar los charcos
cuando llueve
y que detestas los inviernos
en abril.

Aunque ya no hablo contigo,
conozco tu ciudad actual
y recuerdo cuál fue tu origen,
que cumples años en diciembre
y te gusta prender fuego
al calendario si te arrastra
la nostalgia en primavera.

Últimamente has viajado a Lisboa,
intuyo que te mecen los tranvías
y te seducen los viejos cafés
color sepia.
Lo sé por tu fotografía
en aquella calle de Bruselas,
donde Magritte fumaba en pipa dorada.

Sueles cambiar de cara a menudo,
me divierten tus gafas de sol
en noviembre
y disfruto con tu colección de sonrisas
o el último vestido azul
que guardas en tu perfil.

Vuelves a estar soltera,
aunque te acompañan ciento veinte
comentarios por debajo
dándote ánimos
y diciendo que él era un idiota.

Aún tiritas cuando alguien te habla
del pasado.
Por eso has borrado mi felicitación
de cumpleaños
y ha…

Abuelo Paco

En memoria de mi querido abuelo Paco,
que se marchó hace 24 años.


Siete años
y era invierno.
Yo aún no lo sabía.
Con esa edad
nadie te enseña
a escribir
la palabra muerte.
Así que pinté
a mi abuelo en
un dibujo:
estaba rodeado
de sí mismo
y podía flotar
encima de las nubes.
Yo las pinté blancas,
sin saber
que era un día gris.
Hoy tengo ya memoria.
Puedo incluso perderla
o inventarla.
Yo recuerdo a un loco
con una bolsa de supermercado
en la cabeza.
También recuerdo a otro,
a las afueras del pueblo.
Cigarro en boca,
deambula entre la carretera
y los olivares.
Todo eso fue después,
cuando ya no estaba él.
Se me olvida el día
en que empecé a andar,
pero todavía sé mirar de pequeño
y levantar la cabeza
para ver personas grandes.
Yo te encuentro así, abuelo.

Trece febreros y dos días

Han pasado trece febreros.
Trece febreros y dos días.
El invierno era entonces distinto.
Más largo,
más frío.
Yo era un joven de secano
que buscaba mensajes en el mar.
Hoy,
trece febreros y dos días después
sé que no hay guaridas para náufragos
y que no hay náufrago
que no busque,
alguna vez,
una guarida.