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Entre dos desconocidos

Una canción,
una mirada cómplice,
tres copas de más
y dos labios
que se disponen
a enfrentarse.

Ha empezado la guerra:
tu boca contra
la mía
y la curiosidad
de las lenguas
estalla una madrugada
de mayo.

Tú,
que te llamas piel,
surcada por mis
dedos
sin ni siquiera
saber mi nombre.

Y, aunque es de noche,
me adivinas luz.

Manual de instrucciones para leer este poema: escuchar bajito -como un susurro- esta canción (http://www.youtube.com/watch?v=NgbcXig1TZ8 Loving strangers, Russian Red) y tiritar, pero que no sea de frío.

Comentarios

Réquiem por Amor ha dicho que…
Muy evocador.
Bella música.
Saludos grande!
QuietBrown ha dicho que…
Me gusta, pero me vas a perdonar que por Russian Red no pase... =)
FALCÓN ha dicho que…
un saludo muy grande desde canarias crac!!!
espero que todo te esté yendo tan bién como te mereces!!! un abrazo titán!
zeben
Alfonso C. Cobo Espejo ha dicho que…
Eyy Zeben, qué alegría tener noticias tuyas por aquí. De momento, no me ahogo y navego (aunque siempre hay amenazas de naufragio en estas temporadas de temporales)

Un abrazo muy fuerte, ¿qué tal tú?
Saray Pavón ha dicho que…
Es un poema redondo :)

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Veo en un pequeño recuadro
que ahora eres amiga de
Brian y Marcella
y que a las nueve de este otoño
irás a beber melancolía
de once grados con Luis.

Descubro que te gusta
pisar los charcos
cuando llueve
y que detestas los inviernos
en abril.

Aunque ya no hablo contigo,
conozco tu ciudad actual
y recuerdo cuál fue tu origen,
que cumples años en diciembre
y te gusta prender fuego
al calendario si te arrastra
la nostalgia en primavera.

Últimamente has viajado a Lisboa,
intuyo que te mecen los tranvías
y te seducen los viejos cafés
color sepia.
Lo sé por tu fotografía
en aquella calle de Bruselas,
donde Magritte fumaba en pipa dorada.

Sueles cambiar de cara a menudo,
me divierten tus gafas de sol
en noviembre
y disfruto con tu colección de sonrisas
o el último vestido azul
que guardas en tu perfil.

Vuelves a estar soltera,
aunque te acompañan ciento veinte
comentarios por debajo
dándote ánimos
y diciendo que él era un idiota.

Aún tiritas cuando alguien te habla
del pasado.
Por eso has borrado mi felicitación
de cumpleaños
y ha…

Abuelo Paco

En memoria de mi querido abuelo Paco,
que se marchó hace 24 años.


Siete años
y era invierno.
Yo aún no lo sabía.
Con esa edad
nadie te enseña
a escribir
la palabra muerte.
Así que pinté
a mi abuelo en
un dibujo:
estaba rodeado
de sí mismo
y podía flotar
encima de las nubes.
Yo las pinté blancas,
sin saber
que era un día gris.
Hoy tengo ya memoria.
Puedo incluso perderla
o inventarla.
Yo recuerdo a un loco
con una bolsa de supermercado
en la cabeza.
También recuerdo a otro,
a las afueras del pueblo.
Cigarro en boca,
deambula entre la carretera
y los olivares.
Todo eso fue después,
cuando ya no estaba él.
Se me olvida el día
en que empecé a andar,
pero todavía sé mirar de pequeño
y levantar la cabeza
para ver personas grandes.
Yo te encuentro así, abuelo.

Trece febreros y dos días

Han pasado trece febreros.
Trece febreros y dos días.
El invierno era entonces distinto.
Más largo,
más frío.
Yo era un joven de secano
que buscaba mensajes en el mar.
Hoy,
trece febreros y dos días después
sé que no hay guaridas para náufragos
y que no hay náufrago
que no busque,
alguna vez,
una guarida.