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Entre dos desconocidos

Una canción,
una mirada cómplice,
tres copas de más
y dos labios
que se disponen
a enfrentarse.

Ha empezado la guerra:
tu boca contra
la mía
y la curiosidad
de las lenguas
estalla una madrugada
de mayo.

Tú,
que te llamas piel,
surcada por mis
dedos
sin ni siquiera
saber mi nombre.

Y, aunque es de noche,
me adivinas luz.

Manual de instrucciones para leer este poema: escuchar bajito -como un susurro- esta canción (http://www.youtube.com/watch?v=NgbcXig1TZ8 Loving strangers, Russian Red) y tiritar, pero que no sea de frío.

Comentarios

Réquiem por Amor ha dicho que…
Muy evocador.
Bella música.
Saludos grande!
QuietBrown ha dicho que…
Me gusta, pero me vas a perdonar que por Russian Red no pase... =)
FALCÓN ha dicho que…
un saludo muy grande desde canarias crac!!!
espero que todo te esté yendo tan bién como te mereces!!! un abrazo titán!
zeben
Alfonso C. Cobo Espejo ha dicho que…
Eyy Zeben, qué alegría tener noticias tuyas por aquí. De momento, no me ahogo y navego (aunque siempre hay amenazas de naufragio en estas temporadas de temporales)

Un abrazo muy fuerte, ¿qué tal tú?
Saray Pavón ha dicho que…
Es un poema redondo :)

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El poeta puede

El poeta puede ver el beso
medio lleno o medio vacío
El poeta lima
El poeta lame
El poeta no tiene lema
El poeta le busca todas las vueltas a Roma
rema que te rema
rima que te rima
de ramo en ramo
El poeta puede volar por los aires
y estrellarse en el cielo.
Acaso entonces se da cuenta:
su poema ha llegado a su ocaso.

Mañana iremos todos juntos a comer croquetas

Estaba en Madrid. Tenía un trabajo bonito y mal pagado. Vivía rodeado de libros, de viejas y de nuevas historias. Esa tarde era un parque y primavera. Una llamada cerró el parque y nubló el cielo. No quiero escribir aquí sobre las lágrimas que recorrieron aquel trayecto de vuelta a casa. Me niego.

Yo escribo aquí sobre el río de generosidad que se desbordaba siempre a tu paso. Me gustaría hablar también de la lluvia. En tu casa diluviaban besos. Yo he crecido regado por tu cariño y tu alegría.

Han pasado seis años y tu río no se seca porque siempre llueves, abuela.

Me gustaría mucho decirte que soy feliz y que mañana, después de misa con zapatos nuevos, iremos todos juntos a comer croquetas.





Tarde de frío

El domingo tirita
cuando se hace de noche
y sabe que su tiempo aquí se acaba.

Bicicletas de invierno
reclaman su condición de juguete de verano
y las manos en el manillar
suplican guantes a Dios.

La lluvia
se presenta en la escena
sin tarjeta de invitación.
La dejan pasar
a pesar de eso.

No hay manual para calles mojadas
cansadas de asfalto
ni instrucciones para sortear
charcos.

Pedales y frenos.
Luces.
Intermitentes.

Algún día el viento
te dirá algo.