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Ex-presión (también Libertad)

Que derriben las estatuas
de dictadores ridículos,
que sus calles
se queden sin nombres
- o mejor aún-
que sus nombres
se queden sin calles
y sin memoria.
Que se queden sus banderas
sin escudos,
sin colores sus banderas.

Es tiempo de renombrar
la ciudad,
de enterrar la basura
y de liberar a las gaviotas
de la condena del vertedero.
No más escombros
en los parques.

Que una estatua
la levante un verso libre,
que la gaviota no huela mal
sino que huela a mar
y que las calles se llamen
azul, libélula,montaña
o tú.
Que seamos nosotros quienes
decidamos si el callejón tiene
o no salida
sin miedos,
sin vergüenzas,
sin sinvergüenzas
y con la imaginación
por bandera.

Comentarios

Miguel Cobo ha dicho que…
¡Ole, Óle y Olé!
Beluka ha dicho que…
pero sin olvidar... :)
Alfonso C. Cobo Espejo ha dicho que…
Sin olvidar, pero intentando no abrir heridas que se puedan volver a infectar.
Anónimo ha dicho que…
genial Alfonso!! Coco
Alicia ha dicho que…
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Alicia ha dicho que…
Ojalá se te acabe la mirada constante,
la palabra precisa, la sonrisa perfecta.
Ojalá pase algo que te borre de pronto:
una luz cegadora, un disparo de nieve.
Ojalá por lo menos que me lleve la muerte,
para no verte tanto, para no verte siempre
en todos los segundos, en todas las visiones:
ojalá que no pueda tocarte ni en canciones
Anónimo ha dicho que…
Que artistazo tas exo!!!!Fran
Réquiem por Amor ha dicho que…
Me encantó. Te lei, supongo, en una cuartilla de cosmopoetica. Eres bueno.

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El poeta puede

El poeta puede ver el beso
medio lleno o medio vacío
El poeta lima
El poeta lame
El poeta no tiene lema
El poeta le busca todas las vueltas a Roma
rema que te rema
rima que te rima
de ramo en ramo
El poeta puede volar por los aires
y estrellarse en el cielo.
Acaso entonces se da cuenta:
su poema ha llegado a su ocaso.

Mañana iremos todos juntos a comer croquetas

Estaba en Madrid. Tenía un trabajo bonito y mal pagado. Vivía rodeado de libros, de viejas y de nuevas historias. Esa tarde era un parque y primavera. Una llamada cerró el parque y nubló el cielo. No quiero escribir aquí sobre las lágrimas que recorrieron aquel trayecto de vuelta a casa. Me niego.

Yo escribo aquí sobre el río de generosidad que se desbordaba siempre a tu paso. Me gustaría hablar también de la lluvia. En tu casa diluviaban besos. Yo he crecido regado por tu cariño y tu alegría.

Han pasado seis años y tu río no se seca porque siempre llueves, abuela.

Me gustaría mucho decirte que soy feliz y que mañana, después de misa con zapatos nuevos, iremos todos juntos a comer croquetas.





Tarde de frío

El domingo tirita
cuando se hace de noche
y sabe que su tiempo aquí se acaba.

Bicicletas de invierno
reclaman su condición de juguete de verano
y las manos en el manillar
suplican guantes a Dios.

La lluvia
se presenta en la escena
sin tarjeta de invitación.
La dejan pasar
a pesar de eso.

No hay manual para calles mojadas
cansadas de asfalto
ni instrucciones para sortear
charcos.

Pedales y frenos.
Luces.
Intermitentes.

Algún día el viento
te dirá algo.