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Definiciones de amor

Amordaza: el amor con nudos.
A mordiscos: el amor salvaje.
Camorra: el amor deliencuente.
Amorío: el amor que desemboca feliz en el mar.
Amortizado: el amor rentable.
Amortiguador: el amor a prueba de golpes.
Clamor: el grito de los que se quieren.
Amamonado:el amor de los despistados.
Amarte: el amor de pinacoteca.
Roma: el amor al revés.

Comentarios

mabela ha dicho que…
Bien, llego a tu blog y te leo.
Quiero comentar este poema, o cualquiera.
Son poemas de un hombre (ignoro los motivos pero, juro que las mujeres escribimos diferente)
Son poemas de un hombre que no puede evitar escribir poemas.
Lucen hermosos, triunfantes!
(aunque tú, luzcas, de a ratos, derrotado)
Muy buenos. Me alegra haberte encontrado!
Alfonso C. Cobo Espejo ha dicho que…
Mil gracias Mabela por tus comentarios. Supongo que sí, que escribiremos de manera diferente hombres y mujeres. Me alegra tu comentarios. La poesía es un juego y creo que los mejores versos saben a derrota. Pero una derrota victoriosa si el resultado merece la pena. Espero que me sigas leyendo un saludo.
Anónimo ha dicho que…
Al otro lado del Atlàntico disfruto los escritos de mi joven y guapo amigo.
José Ramón ha dicho que…
Soñar, sentir y escribir. Sobran las muchas letras y faltan las pocas. Veo algo ahí dentro pero creo que tus poemas no lo dejan salir. No lo distingo porque lo has envuelto.Vomítalo, escupe y podre verlo. Igual no es bello pero me hara sentir
Emilio Calvo de Mora Villar ha dicho que…
Amoriscado es una palabra que me encanta.
El amor está en el aire. Supongo que es donde debe estar.
Hacía tiempo que no entraba por tu casa.
Un abrazo, Alfonso.

Entradas populares de este blog

El poeta puede

El poeta puede ver el beso
medio lleno o medio vacío
El poeta lima
El poeta lame
El poeta no tiene lema
El poeta le busca todas las vueltas a Roma
rema que te rema
rima que te rima
de ramo en ramo
El poeta puede volar por los aires
y estrellarse en el cielo.
Acaso entonces se da cuenta:
su poema ha llegado a su ocaso.

Mañana iremos todos juntos a comer croquetas

Estaba en Madrid. Tenía un trabajo bonito y mal pagado. Vivía rodeado de libros, de viejas y de nuevas historias. Esa tarde era un parque y primavera. Una llamada cerró el parque y nubló el cielo. No quiero escribir aquí sobre las lágrimas que recorrieron aquel trayecto de vuelta a casa. Me niego.

Yo escribo aquí sobre el río de generosidad que se desbordaba siempre a tu paso. Me gustaría hablar también de la lluvia. En tu casa diluviaban besos. Yo he crecido regado por tu cariño y tu alegría.

Han pasado seis años y tu río no se seca porque siempre llueves, abuela.

Me gustaría mucho decirte que soy feliz y que mañana, después de misa con zapatos nuevos, iremos todos juntos a comer croquetas.





Tarde de frío

El domingo tirita
cuando se hace de noche
y sabe que su tiempo aquí se acaba.

Bicicletas de invierno
reclaman su condición de juguete de verano
y las manos en el manillar
suplican guantes a Dios.

La lluvia
se presenta en la escena
sin tarjeta de invitación.
La dejan pasar
a pesar de eso.

No hay manual para calles mojadas
cansadas de asfalto
ni instrucciones para sortear
charcos.

Pedales y frenos.
Luces.
Intermitentes.

Algún día el viento
te dirá algo.