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Cartas de arena



Mi amor,

Te escribo desde las lejanas playas de Zanja Honda, Uruguay. Allí, al país con nombre de río me llevó el destino. Buscaba un lugar donde las mareas y el vaivén de las olas me hicieran renacer. Es bonito este lugar y las gentes de la región, muy amables y acogedoras. Supongo que, al ser nuevo aquí, “el náufrago español” me llaman, todo son atenciones para mí. Cuando vayan transcurriendo los días, seré uno más y pasaré inadvertido. Como me ocurrió contigo...

Querida,

Hoy mismo llegué a la isla de Pascua. Nunca imaginé que me atreviese a llegar a este lugar sin tu compañía. ¿Cuántas veces planeamos juntos este viaje? Al principio me sentía incapaz, pero luego pensé en imaginar que tú estabas a mi lado y así estoy haciendo. Los chilenos me miran con recelo. Deben pensar que estoy loco, pues me paso todo el día haciéndote fotografías para nuestro álbum. Sin embargo, al revelar los carretes, tú no apareces...

Mi vida,

No sé si te llegara esta carta. El sistema de correos funciona muy mal aquí, en las Pirámides de Gizeh. Sí, me dieron unas largas vacaciones en el trabajo y me he ido a Egipto. Bueno, he de serte sincero. En realidad me despidieron. Más o menos como te despediste tú aquella tarde de enero. Sin explicaciones lógicas. Pero bueno, eso ahora ya no importa. Sé que te parecerá una locura, pero ahorré mucho dinero y me pude permitir este capricho. Total, trabajos hay a montones. Sin embargo, mujeres como tú...

Corazón,

¿Te acuerdas de la noche en que vimos ese documental sobre Tombuctú? Al final, no pude resistirme. Miré en las compañías de vuelos baratos y encontré un avión con destino a Mali muy bien de precio. Esta ciudad es un sueño, un sueño hecho realidad. Además, es muy peculiar. El otro día fui a un mercadillo lleno de cosas curiosas. Vi un colgante precioso. No sé de que estaría hecho, porque no acerté a entender lo que me decía el dependiente. Sus gritos en árabe me resultaban simplemente ruido, como el de tu coche arrancando el día en que te fuiste...

Lucía,

¿A quién quiero engañar? Me he inventado miles de cartas como estas desde el día en que lo dejamos. He buscado en los mapas las siete maravillas del mundo y he creado viajes imaginarios para que pensaras que mi vida era perfecta, pero no es así. En realidad, sigo viviendo en el quinto sin ascensor de la calle Ferrocarril que tanto te gustaba al principio. ¿Recuerdas que nos pasábamos el día entero tumbados en la cama mirando pasar los aviones por la ventana? Aún estamos a tiempo de arreglar las cosas. Vuelve conmigo. Te amo.

Comentarios

atemporal ha dicho que…
ay! niño, que echaba yo de menos tus palabras... siempre paso un timep0onsin entrar en tu blog y de buenas a primeras, me retienes duenrate unosn minutos y no quiero despegar los ojos de la pantalla...

espero q todo vaya bien rubiales!!
besotes
La Criticona ha dicho que…
Vaya, desde la primera hasta la última palabra... sin duda alguna, un texto que engancha. Un saludo
post-scripta ha dicho que…
no la esperes... ve a buscarla!

dos besos!
MaleNa ha dicho que…
Es un texto musical, impregnado de soles y lunas.

De regreso. De amor.

Touche .


Besos viajeros.
mia ha dicho que…
Qué fuerte contenido encierra el poema de amor que brota en toda tu escritura!!!
Adelante Son de Mar....
"Tú como la caracola de mar me repites los ruidos de la vida"
Miguel de Unamuno
Abrazo de
Mía

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El poeta puede

El poeta puede ver el beso
medio lleno o medio vacío
El poeta lima
El poeta lame
El poeta no tiene lema
El poeta le busca todas las vueltas a Roma
rema que te rema
rima que te rima
de ramo en ramo
El poeta puede volar por los aires
y estrellarse en el cielo.
Acaso entonces se da cuenta:
su poema ha llegado a su ocaso.

Mañana iremos todos juntos a comer croquetas

Estaba en Madrid. Tenía un trabajo bonito y mal pagado. Vivía rodeado de libros, de viejas y de nuevas historias. Esa tarde era un parque y primavera. Una llamada cerró el parque y nubló el cielo. No quiero escribir aquí sobre las lágrimas que recorrieron aquel trayecto de vuelta a casa. Me niego.

Yo escribo aquí sobre el río de generosidad que se desbordaba siempre a tu paso. Me gustaría hablar también de la lluvia. En tu casa diluviaban besos. Yo he crecido regado por tu cariño y tu alegría.

Han pasado seis años y tu río no se seca porque siempre llueves, abuela.

Me gustaría mucho decirte que soy feliz y que mañana, después de misa con zapatos nuevos, iremos todos juntos a comer croquetas.





Tarde de frío

El domingo tirita
cuando se hace de noche
y sabe que su tiempo aquí se acaba.

Bicicletas de invierno
reclaman su condición de juguete de verano
y las manos en el manillar
suplican guantes a Dios.

La lluvia
se presenta en la escena
sin tarjeta de invitación.
La dejan pasar
a pesar de eso.

No hay manual para calles mojadas
cansadas de asfalto
ni instrucciones para sortear
charcos.

Pedales y frenos.
Luces.
Intermitentes.

Algún día el viento
te dirá algo.