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De la madriguera

No entiendo su idioma, pero sus gestos lo dicen todo. Ha de estar muy enojada con su hijo. Se miran con desprecio, se echan en cara algo. No sé qué. El hijo, con un flequillo que le tapa casi por completo sus ojos rasgados, inicia un monólogo que nunca termina en diálogo. Él lleva una una enorme bolsa gris -no se puede ver lo que hay en su interior-. Ella lleva una carpeta y una libreta entre los brazos.

Murmullos efímeros. Tengan cuidado. Pueden caerse entre coche y andén.

-¿Me acompañas al médico?
-Sí, claro. Pero después ven tú conmigo a esa tienda que está enfrente del kiosco de prensa de Callao.

Les informamos que por una avería el servicio no se reestablecerá hasta dentro 5 ó 10 minutos.

-Siempre igual ehh. No saben cómo jodernos ya. Nos despertamos a las seis de la mañana para ir a trabajar y sólo queremos llegar a casa a estas horas.
-¡Pero ya corre, levántate! ¡Que nos la saltamos! ¡Es nuestra parada!

Risas que se pierden. Tengan cuidado. Pueden caerse entre coche y andén.

Una chica rubia. Posiblemente extranjera. Miradas furtivas.
-Tu cara me suena.
-La tuya también.
Más miradas, más miradas, más miradas y...

Tetuán. Tengan cuidado. Pueden caerse entre coche y andén.

Subo las escaleras. Siempre sopla fuerte el viento en el túnel de salida. Una vez más salgo de la madriguera. Y no hay conejo. No hay conejo en la chistera.

Comentarios

1234567ycasillego ha dicho que…
"no entiendo su idioma pero sus gestos lo dicen todo"

Mi cuerpo, mi rostro, las manos encendidas o apagadas, como miran mis ojos, como abro y cierro mis labios, como subo y bajo la cabeza, si me sonrio, si caminamos por alguna calle, si ya no camino, mis ojos rojos de tanto llorar , levantarme de una silla, salir y entrar por alguna puerta, sentarme en el suelo, no sentarme.

Tantas cosas me hacen saber que los demas podrian entenderme y que mis palabras sobran.
1234567ycasillego ha dicho que…
me olvide del abrazo y de recordarte que me gusta tu son de mar :)

Sabri
Julián Carax ha dicho que…
Es grato que alguien capaz de crear tanta sensualidad, de sugerir tanto con sus versos, navegue entre mis letras.

Besos

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El poeta puede

El poeta puede ver el beso
medio lleno o medio vacío
El poeta lima
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El poeta no tiene lema
El poeta le busca todas las vueltas a Roma
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Acaso entonces se da cuenta:
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Mañana iremos todos juntos a comer croquetas

Estaba en Madrid. Tenía un trabajo bonito y mal pagado. Vivía rodeado de libros, de viejas y de nuevas historias. Esa tarde era un parque y primavera. Una llamada cerró el parque y nubló el cielo. No quiero escribir aquí sobre las lágrimas que recorrieron aquel trayecto de vuelta a casa. Me niego.

Yo escribo aquí sobre el río de generosidad que se desbordaba siempre a tu paso. Me gustaría hablar también de la lluvia. En tu casa diluviaban besos. Yo he crecido regado por tu cariño y tu alegría.

Han pasado seis años y tu río no se seca porque siempre llueves, abuela.

Me gustaría mucho decirte que soy feliz y que mañana, después de misa con zapatos nuevos, iremos todos juntos a comer croquetas.





Tarde de frío

El domingo tirita
cuando se hace de noche
y sabe que su tiempo aquí se acaba.

Bicicletas de invierno
reclaman su condición de juguete de verano
y las manos en el manillar
suplican guantes a Dios.

La lluvia
se presenta en la escena
sin tarjeta de invitación.
La dejan pasar
a pesar de eso.

No hay manual para calles mojadas
cansadas de asfalto
ni instrucciones para sortear
charcos.

Pedales y frenos.
Luces.
Intermitentes.

Algún día el viento
te dirá algo.