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Antigua dedicatoria

En el desierto de mis ideas espero un espejismo onírico que se contagie a mi realidad y me lleve a ti, a lo más profundo de tus huesos.

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
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Hace mucho que no te dejas caer por los pliegues de mi pecho y mi pleura a olvidado estremecerse bajo tu recuerdo.
En el transcurso de un latido, has recorrido mi médula de punta a punta, anudándote a cada coyuntura que en un pasado fuera rozada por tus labios.

Has punzado un par de veces y después, lánguidamente te has deslizado al lugar que te pertenece. Mi piel te ha respondido desde su paralelismo, instintivamente orientado sus poros hacia la inmensidad, donde quieras hallarte.

Cuando me he apeado de la fugacidad de tu imagen, era ya tarde.

Un rincón de mis entrañas ha pestañeado. Tu ascua se ha removido y gracias a su efímera incandescencia, sonreí de haberte llorado.

mj
Julián Carax ha dicho que…
No logro identificarte, pero agradezco tu comentario. Es enigmático...y bello

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El poeta puede

El poeta puede ver el beso
medio lleno o medio vacío
El poeta lima
El poeta lame
El poeta no tiene lema
El poeta le busca todas las vueltas a Roma
rema que te rema
rima que te rima
de ramo en ramo
El poeta puede volar por los aires
y estrellarse en el cielo.
Acaso entonces se da cuenta:
su poema ha llegado a su ocaso.

Mañana iremos todos juntos a comer croquetas

Estaba en Madrid. Tenía un trabajo bonito y mal pagado. Vivía rodeado de libros, de viejas y de nuevas historias. Esa tarde era un parque y primavera. Una llamada cerró el parque y nubló el cielo. No quiero escribir aquí sobre las lágrimas que recorrieron aquel trayecto de vuelta a casa. Me niego.

Yo escribo aquí sobre el río de generosidad que se desbordaba siempre a tu paso. Me gustaría hablar también de la lluvia. En tu casa diluviaban besos. Yo he crecido regado por tu cariño y tu alegría.

Han pasado seis años y tu río no se seca porque siempre llueves, abuela.

Me gustaría mucho decirte que soy feliz y que mañana, después de misa con zapatos nuevos, iremos todos juntos a comer croquetas.





Tarde de frío

El domingo tirita
cuando se hace de noche
y sabe que su tiempo aquí se acaba.

Bicicletas de invierno
reclaman su condición de juguete de verano
y las manos en el manillar
suplican guantes a Dios.

La lluvia
se presenta en la escena
sin tarjeta de invitación.
La dejan pasar
a pesar de eso.

No hay manual para calles mojadas
cansadas de asfalto
ni instrucciones para sortear
charcos.

Pedales y frenos.
Luces.
Intermitentes.

Algún día el viento
te dirá algo.