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Ver-SOS



El año pasado participé en un Concurso Internacional de Micro-poesía. Había que presentar 3 poemas breves. Nunca me respondieron ni hubo fallo alguno. Por desgracia, estos ver-SOS no han caducado. Al contrario, se les han sumado la nieve, el frío y más abandono. El tuyo, el mío. El de muchos, mirando hacia otro lado.

I El inframundo

Tú aún no lo sabes
pero acabas de nacer
y te llamas Sísifo.
Este lugar hostil
hecho de lluvia y barro
es y no es tu casa.

II Vida oscura

Mira hacia arriba
y ve la luna llena
mira hacia abajo
y ve sus manos vacías,
sus pies descalzos.
Es de noche todo el día.

III Diccionario de miedos de un niño sirio

Bombas, sonido y ruido de
Mar-lluvia-río, agua de
Tiendas, campamento de
Tren, vías de
Barro, suelos y caminos de
Espinas, vallas de



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El poeta puede

El poeta puede ver el beso
medio lleno o medio vacío
El poeta lima
El poeta lame
El poeta no tiene lema
El poeta le busca todas las vueltas a Roma
rema que te rema
rima que te rima
de ramo en ramo
El poeta puede volar por los aires
y estrellarse en el cielo.
Acaso entonces se da cuenta:
su poema ha llegado a su ocaso.

Mañana iremos todos juntos a comer croquetas

Estaba en Madrid. Tenía un trabajo bonito y mal pagado. Vivía rodeado de libros, de viejas y de nuevas historias. Esa tarde era un parque y primavera. Una llamada cerró el parque y nubló el cielo. No quiero escribir aquí sobre las lágrimas que recorrieron aquel trayecto de vuelta a casa. Me niego.

Yo escribo aquí sobre el río de generosidad que se desbordaba siempre a tu paso. Me gustaría hablar también de la lluvia. En tu casa diluviaban besos. Yo he crecido regado por tu cariño y tu alegría.

Han pasado seis años y tu río no se seca porque siempre llueves, abuela.

Me gustaría mucho decirte que soy feliz y que mañana, después de misa con zapatos nuevos, iremos todos juntos a comer croquetas.





Tarde de frío

El domingo tirita
cuando se hace de noche
y sabe que su tiempo aquí se acaba.

Bicicletas de invierno
reclaman su condición de juguete de verano
y las manos en el manillar
suplican guantes a Dios.

La lluvia
se presenta en la escena
sin tarjeta de invitación.
La dejan pasar
a pesar de eso.

No hay manual para calles mojadas
cansadas de asfalto
ni instrucciones para sortear
charcos.

Pedales y frenos.
Luces.
Intermitentes.

Algún día el viento
te dirá algo.