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El mundo por Montera

A ras de asfalto
se esconde una triste esperanza,
la promesa de que su piel
ya no pasaría más frío
en aquellos países
donde perdieron la luz.
Se escaparon de demasiados mapas
con ilusas ilusiones.
Una huida para siempre.
Ahora no es posible mirar atrás
Han llegado aquí para deletrear de nuevo
la palabra traición.
Por la noche conjugan el verbo desengaño
pegadas a un delgado árbol
o a una farola podrida por la complicidad
de la rutina que les condena.
Qué larga debe ser su noche,
cuánto ruido debe haber en cada segundo
de su silencio.
cuánto silencio deben buscar
cuando no dejan de escuchar el ruido
sucio del cuerpo desconocido.
Cada madrugada los rascacielos
son sus zapatos de tacón
y el brillo de sus ojos
es la niebla.

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El poeta puede

El poeta puede ver el beso
medio lleno o medio vacío
El poeta lima
El poeta lame
El poeta no tiene lema
El poeta le busca todas las vueltas a Roma
rema que te rema
rima que te rima
de ramo en ramo
El poeta puede volar por los aires
y estrellarse en el cielo.
Acaso entonces se da cuenta:
su poema ha llegado a su ocaso.

Mañana iremos todos juntos a comer croquetas

Estaba en Madrid. Tenía un trabajo bonito y mal pagado. Vivía rodeado de libros, de viejas y de nuevas historias. Esa tarde era un parque y primavera. Una llamada cerró el parque y nubló el cielo. No quiero escribir aquí sobre las lágrimas que recorrieron aquel trayecto de vuelta a casa. Me niego.

Yo escribo aquí sobre el río de generosidad que se desbordaba siempre a tu paso. Me gustaría hablar también de la lluvia. En tu casa diluviaban besos. Yo he crecido regado por tu cariño y tu alegría.

Han pasado seis años y tu río no se seca porque siempre llueves, abuela.

Me gustaría mucho decirte que soy feliz y que mañana, después de misa con zapatos nuevos, iremos todos juntos a comer croquetas.





Tarde de frío

El domingo tirita
cuando se hace de noche
y sabe que su tiempo aquí se acaba.

Bicicletas de invierno
reclaman su condición de juguete de verano
y las manos en el manillar
suplican guantes a Dios.

La lluvia
se presenta en la escena
sin tarjeta de invitación.
La dejan pasar
a pesar de eso.

No hay manual para calles mojadas
cansadas de asfalto
ni instrucciones para sortear
charcos.

Pedales y frenos.
Luces.
Intermitentes.

Algún día el viento
te dirá algo.