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Carretera Córdoba-Úbeda

Está ahí el río siempre
fiel a su cauce discurre
a orillas de la ruta bien sabida
los veranos en caravana
luego el doble carril
del estado del bienestar
empiezan a brillar los baches
carreteras secundarias
coleccionan prostíbulos muertos
la balada del camionero es triste
sobreviven oasis de cipreses
rodeados de olivares
es la pista de los que ya no
hay tractores y llanura
una radio, un botón que sintoniza
voces rotas y otras vírgenes
la esperanza cubana
el misterio de la vida
una línea discontinua
y, sin embargo,
prohibido adelantar.

Comentarios

Carlos ha dicho que…
Blogs amigos me traen aquí. Y me gusta. Y me quedo en esta carretera a Ubeda
Alfon Cobo ha dicho que…
Gracias, Carlos. En esta carretera no hay peajes. Es una camino secundario, donde caben todos. ¡Bienvenido!

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El poeta puede

El poeta puede ver el beso
medio lleno o medio vacío
El poeta lima
El poeta lame
El poeta no tiene lema
El poeta le busca todas las vueltas a Roma
rema que te rema
rima que te rima
de ramo en ramo
El poeta puede volar por los aires
y estrellarse en el cielo.
Acaso entonces se da cuenta:
su poema ha llegado a su ocaso.

Mañana iremos todos juntos a comer croquetas

Estaba en Madrid. Tenía un trabajo bonito y mal pagado. Vivía rodeado de libros, de viejas y de nuevas historias. Esa tarde era un parque y primavera. Una llamada cerró el parque y nubló el cielo. No quiero escribir aquí sobre las lágrimas que recorrieron aquel trayecto de vuelta a casa. Me niego.

Yo escribo aquí sobre el río de generosidad que se desbordaba siempre a tu paso. Me gustaría hablar también de la lluvia. En tu casa diluviaban besos. Yo he crecido regado por tu cariño y tu alegría.

Han pasado seis años y tu río no se seca porque siempre llueves, abuela.

Me gustaría mucho decirte que soy feliz y que mañana, después de misa con zapatos nuevos, iremos todos juntos a comer croquetas.





Tarde de frío

El domingo tirita
cuando se hace de noche
y sabe que su tiempo aquí se acaba.

Bicicletas de invierno
reclaman su condición de juguete de verano
y las manos en el manillar
suplican guantes a Dios.

La lluvia
se presenta en la escena
sin tarjeta de invitación.
La dejan pasar
a pesar de eso.

No hay manual para calles mojadas
cansadas de asfalto
ni instrucciones para sortear
charcos.

Pedales y frenos.
Luces.
Intermitentes.

Algún día el viento
te dirá algo.