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Las brasas



Es el cuarto día de fuego en la ciudad,
el asfalto, las aceras
se han convertido en una colección de sartenes.
Los habitantes son marionetas
con complejo de huevo frito.
El viento, cuando se digna a aparecer,
es un traidor
sopla y quema por la espalda.
Hay quien que cree que algo fresco se mueve,
pero es un mero espejismo de brisas.
Aquí lo único real es un cielo que abrasa
con o sin sol.
Temporada alta para el coro de chicharras.
"Don´t light my fire",
hoy cerraría, sin dudarlo, las puertas
a Jim Morrison,
me haría amigo incondicional de frío
a sabiendas de que luego me arrepentiría
y suplicaría guantes y bufandas.
Pero la realidad está tan mojada ahora mismo,
tan secuestrada por la humedad y el calor
que lo más parecido al paraíso
es un lugar llamado sombra.

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El poeta puede

El poeta puede ver el beso
medio lleno o medio vacío
El poeta lima
El poeta lame
El poeta no tiene lema
El poeta le busca todas las vueltas a Roma
rema que te rema
rima que te rima
de ramo en ramo
El poeta puede volar por los aires
y estrellarse en el cielo.
Acaso entonces se da cuenta:
su poema ha llegado a su ocaso.

Mañana iremos todos juntos a comer croquetas

Estaba en Madrid. Tenía un trabajo bonito y mal pagado. Vivía rodeado de libros, de viejas y de nuevas historias. Esa tarde era un parque y primavera. Una llamada cerró el parque y nubló el cielo. No quiero escribir aquí sobre las lágrimas que recorrieron aquel trayecto de vuelta a casa. Me niego.

Yo escribo aquí sobre el río de generosidad que se desbordaba siempre a tu paso. Me gustaría hablar también de la lluvia. En tu casa diluviaban besos. Yo he crecido regado por tu cariño y tu alegría.

Han pasado seis años y tu río no se seca porque siempre llueves, abuela.

Me gustaría mucho decirte que soy feliz y que mañana, después de misa con zapatos nuevos, iremos todos juntos a comer croquetas.





Tarde de frío

El domingo tirita
cuando se hace de noche
y sabe que su tiempo aquí se acaba.

Bicicletas de invierno
reclaman su condición de juguete de verano
y las manos en el manillar
suplican guantes a Dios.

La lluvia
se presenta en la escena
sin tarjeta de invitación.
La dejan pasar
a pesar de eso.

No hay manual para calles mojadas
cansadas de asfalto
ni instrucciones para sortear
charcos.

Pedales y frenos.
Luces.
Intermitentes.

Algún día el viento
te dirá algo.