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Nublado y lluvioso


Amanece nublado y lluvioso
este diciembre recién nacido.
Se amontona la ropa sin doblar,
espera arriba otro viaje en lavadora
y está Ismael cantando en el ordenador.
El desayuno es discreto,
unas cuantas galletas mojadas
en un café impaciente
mientras leo las noticias.
No son de papel,
pero lo que leo huele a humedad.
¿Quién quiere sellar todas las ventanas?
¿Quién?
Está el mundo plagado de fantasmas,
el espíritu de la precariedad
se aparece y se pasea cada día
por la plaza de tu pueblo.
Ya no tiene miedo el atropello,
y la pobreza se está haciendo rica.
Este invierno será frío,
incluso para los osos polares.
Hay miedo, hay incertidumbre,
hay una realidad oscura.
Todos vuelan en primera clase.
Si te asomas por la ventana,
verás flotar las mismas palabras
que nos acompañaron en noviembre:
recortes,
pelotas de goma,
corrupción,
congelación,
estallido,
horrible,
crisis,
perdedores,
ganadores,
desahucio,
exclusión.
Amanece nublado y lluvioso
este diciembre recién nacido.

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Veo en un pequeño recuadro
que ahora eres amiga de
Brian y Marcella
y que a las nueve de este otoño
irás a beber melancolía
de once grados con Luis.

Descubro que te gusta
pisar los charcos
cuando llueve
y que detestas los inviernos
en abril.

Aunque ya no hablo contigo,
conozco tu ciudad actual
y recuerdo cuál fue tu origen,
que cumples años en diciembre
y te gusta prender fuego
al calendario si te arrastra
la nostalgia en primavera.

Últimamente has viajado a Lisboa,
intuyo que te mecen los tranvías
y te seducen los viejos cafés
color sepia.
Lo sé por tu fotografía
en aquella calle de Bruselas,
donde Magritte fumaba en pipa dorada.

Sueles cambiar de cara a menudo,
me divierten tus gafas de sol
en noviembre
y disfruto con tu colección de sonrisas
o el último vestido azul
que guardas en tu perfil.

Vuelves a estar soltera,
aunque te acompañan ciento veinte
comentarios por debajo
dándote ánimos
y diciendo que él era un idiota.

Aún tiritas cuando alguien te habla
del pasado.
Por eso has borrado mi felicitación
de cumpleaños
y ha…

El poeta puede

El poeta puede ver el beso
medio lleno o medio vacío
El poeta lima
El poeta lame
El poeta no tiene lema
El poeta le busca todas las vueltas a Roma
rema que te rema
rima que te rima
de ramo en ramo
El poeta puede volar por los aires
y estrellarse en el cielo.
Acaso entonces se da cuenta:
su poema ha llegado a su ocaso.

El Capitán Nemo

En la casa de mis abuelos se escondía el Nautilus. Recuerdo ahora, muchos años después, aquellas cintas Betamax y el viejo vídeo gracias al cual Omar Sharif aparecía en la pantalla del televisor convertido en el Capitán Nemo. Yo entonces no sabía quién era Omar Sharif, pero sí que alucinaba con las aventuras del Capitán Nemo sumergido en las profundidades del mar, al mando de aquel fantástico submarino. Sentía una mezcla de admiración, miedo y curiosidad hacia el personaje, hacia sus aventuras. Mejor dicho, eso es lo que creo hoy que sentía en aquel momento. La música inicial era hipnotizadora y ha llegado hoy con un billete de regreso a mi infancia.

¿Estaba ahí el espíritu de mi germen viajero? ¿En esa mezcla de curiosidad y cobardía? ¿En querer mirar y esconderse al mismo tiempo? La respuesta es, como la isla de Verne, misteriosa. Y me gustaría mucho conocerla, pero no me atrevo a responderla.

https://www.youtube.com/watch?v=6jVEOlPVRWM