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El silencio de octubre



El silencio de octubre
quiso decir muchas cosas
pronunció la palabra excusa,
y coqueteó con el abandono voluntario,
con la dejadez consentida.

El silencio de octubre
significó que hubo versos en otras paredes
distintas a estas,
que mis labios, que andaban en busca hace unos años,
hallaron la captura deseada.

El silencio de octubre
ocurrió porque está ella,
que secuestra el gris para colorearlo.
Lo hace cada día. Es un fenómeno cromático
que enamora. Casi tanto como sus labios.

El silencio de octubre
es música en bicicleta,
paseos de cine,
centrifugado
y pinzas de la ropa.

El silencio de octubre
es que el tiempo se congela
y el calendario, a modo de flecha,
señala cama, abrazo, beso
y así no hay Finlandia que cien años dure.

PD: En noviembre, sucede parecido a octubre, pero me reencuentro con estas paredes. Está feo que se queden amarillentas, sin una mano de escritura de vez en cuando.

Comentarios

Miguel Cobo ha dicho que…
Podríamos recurrir a Freud para psicoanalizar estos silencios. Según el célebre austriaco, la creación artística sería una forma de sublimación de la libido.

En este caso ha sido "sublimada" por otros cauces más naturales.

Abrazos.

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El poeta puede

El poeta puede ver el beso
medio lleno o medio vacío
El poeta lima
El poeta lame
El poeta no tiene lema
El poeta le busca todas las vueltas a Roma
rema que te rema
rima que te rima
de ramo en ramo
El poeta puede volar por los aires
y estrellarse en el cielo.
Acaso entonces se da cuenta:
su poema ha llegado a su ocaso.

Mañana iremos todos juntos a comer croquetas

Estaba en Madrid. Tenía un trabajo bonito y mal pagado. Vivía rodeado de libros, de viejas y de nuevas historias. Esa tarde era un parque y primavera. Una llamada cerró el parque y nubló el cielo. No quiero escribir aquí sobre las lágrimas que recorrieron aquel trayecto de vuelta a casa. Me niego.

Yo escribo aquí sobre el río de generosidad que se desbordaba siempre a tu paso. Me gustaría hablar también de la lluvia. En tu casa diluviaban besos. Yo he crecido regado por tu cariño y tu alegría.

Han pasado seis años y tu río no se seca porque siempre llueves, abuela.

Me gustaría mucho decirte que soy feliz y que mañana, después de misa con zapatos nuevos, iremos todos juntos a comer croquetas.





Tarde de frío

El domingo tirita
cuando se hace de noche
y sabe que su tiempo aquí se acaba.

Bicicletas de invierno
reclaman su condición de juguete de verano
y las manos en el manillar
suplican guantes a Dios.

La lluvia
se presenta en la escena
sin tarjeta de invitación.
La dejan pasar
a pesar de eso.

No hay manual para calles mojadas
cansadas de asfalto
ni instrucciones para sortear
charcos.

Pedales y frenos.
Luces.
Intermitentes.

Algún día el viento
te dirá algo.