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Infiel septiembre

Sueles ser el último en salirte
de la piscina,
pero también disfrutas
siendo el primero que se atreve
a desnudar árboles.
Seductor de estaciones:
subes al vagón estival y,
con el tren a punto de llegar,
saltas al compartimento
donde bailan las hojas secas.




Comentarios

Milagros Estrada ha dicho que…
Holaaa dejame decirte que me enamoraste con este poema, en especial por qué me siento identificada ya que mi blog trata sobre el otoño y casualmente le fui infiel a mi otoño en septiembre del año pasado.
Amo tu poesía, éxitos y saludos desde Venezuela!!!!
Milagros Estrada ha dicho que…
compartiré tu poema en mi blog! besos!
Alfonso C. Cobo Espejo ha dicho que…
Querida Milagros (por cierto, no sé si sabes que hay una canción de un grupo español que se titula así),

Me alegra leer tus comentarios. Me sonrojan y me honran. No es fácil encontrar amantes de la poesía hoy en día.

Que lleguen a Venezuela mis abrazos y mis agradecimientos. Vienen con "V", de Vietnam, país donde vivo.

Gracias por compartir y espero que tu infidelidad no se contagie a mi blog y encontrarte así por aquí de cuando en vez.

Entradas populares de este blog

El poeta puede

El poeta puede ver el beso
medio lleno o medio vacío
El poeta lima
El poeta lame
El poeta no tiene lema
El poeta le busca todas las vueltas a Roma
rema que te rema
rima que te rima
de ramo en ramo
El poeta puede volar por los aires
y estrellarse en el cielo.
Acaso entonces se da cuenta:
su poema ha llegado a su ocaso.

Mañana iremos todos juntos a comer croquetas

Estaba en Madrid. Tenía un trabajo bonito y mal pagado. Vivía rodeado de libros, de viejas y de nuevas historias. Esa tarde era un parque y primavera. Una llamada cerró el parque y nubló el cielo. No quiero escribir aquí sobre las lágrimas que recorrieron aquel trayecto de vuelta a casa. Me niego.

Yo escribo aquí sobre el río de generosidad que se desbordaba siempre a tu paso. Me gustaría hablar también de la lluvia. En tu casa diluviaban besos. Yo he crecido regado por tu cariño y tu alegría.

Han pasado seis años y tu río no se seca porque siempre llueves, abuela.

Me gustaría mucho decirte que soy feliz y que mañana, después de misa con zapatos nuevos, iremos todos juntos a comer croquetas.





Tarde de frío

El domingo tirita
cuando se hace de noche
y sabe que su tiempo aquí se acaba.

Bicicletas de invierno
reclaman su condición de juguete de verano
y las manos en el manillar
suplican guantes a Dios.

La lluvia
se presenta en la escena
sin tarjeta de invitación.
La dejan pasar
a pesar de eso.

No hay manual para calles mojadas
cansadas de asfalto
ni instrucciones para sortear
charcos.

Pedales y frenos.
Luces.
Intermitentes.

Algún día el viento
te dirá algo.