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El diccionario de las palabras vacías


Hubo una vez un hombre que intentó escribir un diccionario de palabras vacías. Cogió un bolígrafo y una hoja de papel y escribió "hueco". De repente, una parte del papel se manchó de tinta y rellenó un espacio de la hoja. Convencido de que podría encontrar otras palabras, escribió "muda" y el papel se llenó de letras. Cuatro letras que hablaban lo dejaron sin habla. Pero no se rindió. Volvió a sujetar el bolígrafo con fuerza y escribió "silencio". En ese preciso instante, el papel se llenó de bocas que le gritaban que cesara en su intento de buscar palabras vacías.

Fuera, en la calle, se vendía humo a un precio elevadísimo. Lo nunca visto, según los habitantes más viejos del lugar.

Comentarios

Ro ha dicho que…
me encanta. besos
Miguel Cobo ha dicho que…
Por eso cada una de tus palabras está LLENA de sentido. ¡Y de sentimiento! Las tuyas no son humo: Son ascuas.

Un abrazo, fils.
Miguel Cobo ha dicho que…
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Beluka ha dicho que…
La frase final me parece bru-tal! Precioso!

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El poeta puede

El poeta puede ver el beso
medio lleno o medio vacío
El poeta lima
El poeta lame
El poeta no tiene lema
El poeta le busca todas las vueltas a Roma
rema que te rema
rima que te rima
de ramo en ramo
El poeta puede volar por los aires
y estrellarse en el cielo.
Acaso entonces se da cuenta:
su poema ha llegado a su ocaso.

Tarde de frío

El domingo tirita
cuando se hace de noche
y sabe que su tiempo aquí se acaba.

Bicicletas de invierno
reclaman su condición de juguete de verano
y las manos en el manillar
suplican guantes a Dios.

La lluvia
se presenta en la escena
sin tarjeta de invitación.
La dejan pasar
a pesar de eso.

No hay manual para calles mojadas
cansadas de asfalto
ni instrucciones para sortear
charcos.

Pedales y frenos.
Luces.
Intermitentes.

Algún día el viento
te dirá algo.

Facebook

Veo en un pequeño recuadro
que ahora eres amiga de
Brian y Marcella
y que a las nueve de este otoño
irás a beber melancolía
de once grados con Luis.

Descubro que te gusta
pisar los charcos
cuando llueve
y que detestas los inviernos
en abril.

Aunque ya no hablo contigo,
conozco tu ciudad actual
y recuerdo cuál fue tu origen,
que cumples años en diciembre
y te gusta prender fuego
al calendario si te arrastra
la nostalgia en primavera.

Últimamente has viajado a Lisboa,
intuyo que te mecen los tranvías
y te seducen los viejos cafés
color sepia.
Lo sé por tu fotografía
en aquella calle de Bruselas,
donde Magritte fumaba en pipa dorada.

Sueles cambiar de cara a menudo,
me divierten tus gafas de sol
en noviembre
y disfruto con tu colección de sonrisas
o el último vestido azul
que guardas en tu perfil.

Vuelves a estar soltera,
aunque te acompañan ciento veinte
comentarios por debajo
dándote ánimos
y diciendo que él era un idiota.

Aún tiritas cuando alguien te habla
del pasado.
Por eso has borrado mi felicitación
de cumpleaños
y ha…