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Llueva y prenda (títulos temporales para acabar enero)



Llueva

Se han cubierto de bruma las palabras
y los sentimientos comienzan a estar borrosos.

Respiro niebla.
Se me atraganta el futuro en la garganta.

Yo quiero azules
y tú vienes al baile disfrazada de tormenta.

Prenda

Es verdad. No miento cuando digo que
cada vez temo menos a los truenos.
Tampoco tengo miedo al fuego.

Aprendí a curarme las ralladuras de tercer grado:
sé abrasarme mientras abrazo.
¿conoces tú la receta de una piel en llamas?

Es hermoso recorrer un cuerpo e incendiarlo.
El infierno de dos cuerpos desnudos es el cielo:
el Paraíso.

Comentarios

Rodolfo Serrano ha dicho que…
Me ha matado "incendiar el cuerpo". Es hermoso, sí.
Marinus. ha dicho que…
"Respiro niebla.
Se me atraganta el futuro en la garganta "

Qué bueno... qué buenoooooooooooooo
Marinus. ha dicho que…
"Respiro niebla.
Se me atraganta el futuro en la garganta "

Qué bueno... qué buenoooooooooooooo
QuietBrown ha dicho que…
Qué maravilla... "incendiar el cuerpo", "sentimientos borrosos" y, sobre todo, "yo quiero azules y tú vienes al baile disfrazada de tormenta"... ¡Gracias!
Alfonso C. Cobo Espejo ha dicho que…
En el apartamento donde vivo suele hacer frío. Hanoi es algo desapacible en la estación de las nieves, aunque aquí no nieve.

Vuestros comentarios son una hoguera para la habitación. Un abrigo de hoja perenne.

Gracias Rodolfo, Marinus, Natalia
JOAN ha dicho que…
Madre mía!! Estas tocado por la mágia de la inspiración, regalando verdades vitales vestidas de poesía... Me dejas sin palabras entre tanto incendio, entre tanto cielo y alguna tormenta!

Una vez más un placer leerte, abrazos!!
Alfonso C. Cobo Espejo ha dicho que…
Mil gracias Joan por tu lectura afectuosa. Guardo tu comentario para releerlo a la luz de la lumbre, una noche de tormenta.

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El poeta puede

El poeta puede ver el beso
medio lleno o medio vacío
El poeta lima
El poeta lame
El poeta no tiene lema
El poeta le busca todas las vueltas a Roma
rema que te rema
rima que te rima
de ramo en ramo
El poeta puede volar por los aires
y estrellarse en el cielo.
Acaso entonces se da cuenta:
su poema ha llegado a su ocaso.

Mañana iremos todos juntos a comer croquetas

Estaba en Madrid. Tenía un trabajo bonito y mal pagado. Vivía rodeado de libros, de viejas y de nuevas historias. Esa tarde era un parque y primavera. Una llamada cerró el parque y nubló el cielo. No quiero escribir aquí sobre las lágrimas que recorrieron aquel trayecto de vuelta a casa. Me niego.

Yo escribo aquí sobre el río de generosidad que se desbordaba siempre a tu paso. Me gustaría hablar también de la lluvia. En tu casa diluviaban besos. Yo he crecido regado por tu cariño y tu alegría.

Han pasado seis años y tu río no se seca porque siempre llueves, abuela.

Me gustaría mucho decirte que soy feliz y que mañana, después de misa con zapatos nuevos, iremos todos juntos a comer croquetas.





Tarde de frío

El domingo tirita
cuando se hace de noche
y sabe que su tiempo aquí se acaba.

Bicicletas de invierno
reclaman su condición de juguete de verano
y las manos en el manillar
suplican guantes a Dios.

La lluvia
se presenta en la escena
sin tarjeta de invitación.
La dejan pasar
a pesar de eso.

No hay manual para calles mojadas
cansadas de asfalto
ni instrucciones para sortear
charcos.

Pedales y frenos.
Luces.
Intermitentes.

Algún día el viento
te dirá algo.