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Hera eras

"La envió Hera, la diosa de los brazos de nieve, preocupada por la suerte de los príncipes" (La Ilíada, Homero)


Recurrimos al tiempo
como justificante de pago
de nuestras deudas,
la tirita para esas heridas
que se infectan,
sobrealimentadas de rutina.

Pero no, lo sabes bien:
no saldamos nuestras dudas
con el tiempo,
y pellizca el recuerdo de tus labios
a plazo fijo en mi azotea,
pensamientos centrifugados,
un árbol frondoso con un alto tipo
de interés. Yogurt de hoja perenne,
que no quiere consumirse preferentemente
antes de...
Ramas que te nombran, ya sea verano
o pleno infierno. Sí,
cuando hace frío y es diciembre,
y tus abrazos son de nieve.
Tú, convertida en Diosa Hera. Ahora
y luego. Después que antes.
Hera eras.

Comentarios

Ene ha dicho que…
Tiempo, efecto placebo.

Bonitos versos, muy bonitos.

Besos...
y besos.
Rodolfo Serrano ha dicho que…
Me encantan tus imágenes
Alfonso C. Cobo Espejo ha dicho que…
Gracias Ene, por tus navegaciones recientes. Este mar te agradece las visitas con dulces brisas.

...............................

Rodolfo, siempre me alegran tus mensajes. De un poeta de verdad a un aprendiz de versos. Gracias por pasarte por mi orilla. Yo siempre me baño en la tuya y es un soplo fresco de poesía de la buena. Abrazos.
QuietBrown ha dicho que…
Genial como siempre, sin defraudar =)

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El poeta puede

El poeta puede ver el beso
medio lleno o medio vacío
El poeta lima
El poeta lame
El poeta no tiene lema
El poeta le busca todas las vueltas a Roma
rema que te rema
rima que te rima
de ramo en ramo
El poeta puede volar por los aires
y estrellarse en el cielo.
Acaso entonces se da cuenta:
su poema ha llegado a su ocaso.

Mañana iremos todos juntos a comer croquetas

Estaba en Madrid. Tenía un trabajo bonito y mal pagado. Vivía rodeado de libros, de viejas y de nuevas historias. Esa tarde era un parque y primavera. Una llamada cerró el parque y nubló el cielo. No quiero escribir aquí sobre las lágrimas que recorrieron aquel trayecto de vuelta a casa. Me niego.

Yo escribo aquí sobre el río de generosidad que se desbordaba siempre a tu paso. Me gustaría hablar también de la lluvia. En tu casa diluviaban besos. Yo he crecido regado por tu cariño y tu alegría.

Han pasado seis años y tu río no se seca porque siempre llueves, abuela.

Me gustaría mucho decirte que soy feliz y que mañana, después de misa con zapatos nuevos, iremos todos juntos a comer croquetas.





Tarde de frío

El domingo tirita
cuando se hace de noche
y sabe que su tiempo aquí se acaba.

Bicicletas de invierno
reclaman su condición de juguete de verano
y las manos en el manillar
suplican guantes a Dios.

La lluvia
se presenta en la escena
sin tarjeta de invitación.
La dejan pasar
a pesar de eso.

No hay manual para calles mojadas
cansadas de asfalto
ni instrucciones para sortear
charcos.

Pedales y frenos.
Luces.
Intermitentes.

Algún día el viento
te dirá algo.