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La libertad se ha abierto ante ellos, dulce, enorme, casi inabarcable


"Por fin suena el silencio, tantas veces callado. Por fin, sueña el silencio, tantas veces dormido" (Ulises Adsuara)

Con el permiso de Enric González, Georgina Higueras y Nuria Tesón, que han elaborado este excelente reportaje sobre la libertad y la esperanza de un pueblo, me permito realizar este juego periodístico-poético.

La libertad se ha abierto ante ellos
dulce,
enorme,
casi inabarcable.

Fueron pacientes,
constantes
y pacíficos
ante los últimos
zarpazos de la tiranía,
y han triunfado.

A su alrededor
todo es rojo, blanco y negro.
Los colores de la bandera
ondean por cualquier rincón,
asoman
por las ventanillas de los coches
o decoran los rostros.

Desvanecimientos,
ataques de nervios
y torceduras
han tomado el relevo
a las heridas de bala
y las pedradas.

Egipto entero canta y baila.
"Nuestra canción habla del pueblo,
de los pobres que no tienen nada
pero lo pueden todo
y luchan por su libertad,
porque son fuertes
y tienen convicciones
y dignidad"

Pueden elegir
su propio destino.

Se abren enormes esperanzas.
También grandes incógnitas.


*La fotografía ha sido extraída de El País y es obra de Claudio Álvarez.

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
hermoso. Gracias.javascript:void(0)
Anónimo ha dicho que…
http://www.elpais.com/articulo/internacional/Jubilo/plaza/Liberacion/elpepuint/20110212elpepuint_2/Tes
EMILIO CALVO DE MORA ha dicho que…
Libres, altos, nobles, líricos. Eso quieren ser. Hermoso, sí, caballero. Mucho.

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El poeta puede

El poeta puede ver el beso
medio lleno o medio vacío
El poeta lima
El poeta lame
El poeta no tiene lema
El poeta le busca todas las vueltas a Roma
rema que te rema
rima que te rima
de ramo en ramo
El poeta puede volar por los aires
y estrellarse en el cielo.
Acaso entonces se da cuenta:
su poema ha llegado a su ocaso.

Mañana iremos todos juntos a comer croquetas

Estaba en Madrid. Tenía un trabajo bonito y mal pagado. Vivía rodeado de libros, de viejas y de nuevas historias. Esa tarde era un parque y primavera. Una llamada cerró el parque y nubló el cielo. No quiero escribir aquí sobre las lágrimas que recorrieron aquel trayecto de vuelta a casa. Me niego.

Yo escribo aquí sobre el río de generosidad que se desbordaba siempre a tu paso. Me gustaría hablar también de la lluvia. En tu casa diluviaban besos. Yo he crecido regado por tu cariño y tu alegría.

Han pasado seis años y tu río no se seca porque siempre llueves, abuela.

Me gustaría mucho decirte que soy feliz y que mañana, después de misa con zapatos nuevos, iremos todos juntos a comer croquetas.





Tarde de frío

El domingo tirita
cuando se hace de noche
y sabe que su tiempo aquí se acaba.

Bicicletas de invierno
reclaman su condición de juguete de verano
y las manos en el manillar
suplican guantes a Dios.

La lluvia
se presenta en la escena
sin tarjeta de invitación.
La dejan pasar
a pesar de eso.

No hay manual para calles mojadas
cansadas de asfalto
ni instrucciones para sortear
charcos.

Pedales y frenos.
Luces.
Intermitentes.

Algún día el viento
te dirá algo.