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Credo

Creo en la eternidad de un instante.
No creo en la distancia ni en el olvido.
Creo en las puestas de sol,
"here comes", canta Harrison.
No creo en los libros de instrucciones.
Creo en las casualidades.
No creo en la mentira
que dice ser verdad.
Creo en las olas del mar,
que vienen y van
como tú, como yo.
No creo en los adivinos.
Creo en los espejos.
No creo en los disfraces.
Creo en las estaciones,
en los trenes y los otoños.
No creo en las revoluciones
que acaban en pasado.
Creo en las sonrisas
y en el llanto.
No creo al mediocre.
Creo al humilde,
porque es sabio.
Creo en los atardeceres.
No creo en los pantanos.
Creo que me creo.
No creo que me creas.

Comentarios

QuietBrown ha dicho que…
Jejeje, justo escribí durante el puente un poema del mismo estilo -peor, desde luego- que publicaré en algún momento. Ya me dirás qué te parece entonces, pero yo creo que cada uno debería tener su credo lleno de contradicciones, pero claro como el agua... =)
Alfonso C. Cobo Espejo ha dicho que…
No creo que sea peor.
Creo que, en todo caso, será diferente.
No creo en las llanuras.
Creo en las contradicciones.

Entradas populares de este blog

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Veo en un pequeño recuadro
que ahora eres amiga de
Brian y Marcella
y que a las nueve de este otoño
irás a beber melancolía
de once grados con Luis.

Descubro que te gusta
pisar los charcos
cuando llueve
y que detestas los inviernos
en abril.

Aunque ya no hablo contigo,
conozco tu ciudad actual
y recuerdo cuál fue tu origen,
que cumples años en diciembre
y te gusta prender fuego
al calendario si te arrastra
la nostalgia en primavera.

Últimamente has viajado a Lisboa,
intuyo que te mecen los tranvías
y te seducen los viejos cafés
color sepia.
Lo sé por tu fotografía
en aquella calle de Bruselas,
donde Magritte fumaba en pipa dorada.

Sueles cambiar de cara a menudo,
me divierten tus gafas de sol
en noviembre
y disfruto con tu colección de sonrisas
o el último vestido azul
que guardas en tu perfil.

Vuelves a estar soltera,
aunque te acompañan ciento veinte
comentarios por debajo
dándote ánimos
y diciendo que él era un idiota.

Aún tiritas cuando alguien te habla
del pasado.
Por eso has borrado mi felicitación
de cumpleaños
y ha…

El poeta puede

El poeta puede ver el beso
medio lleno o medio vacío
El poeta lima
El poeta lame
El poeta no tiene lema
El poeta le busca todas las vueltas a Roma
rema que te rema
rima que te rima
de ramo en ramo
El poeta puede volar por los aires
y estrellarse en el cielo.
Acaso entonces se da cuenta:
su poema ha llegado a su ocaso.

El Capitán Nemo

En la casa de mis abuelos se escondía el Nautilus. Recuerdo ahora, muchos años después, aquellas cintas Betamax y el viejo vídeo gracias al cual Omar Sharif aparecía en la pantalla del televisor convertido en el Capitán Nemo. Yo entonces no sabía quién era Omar Sharif, pero sí que alucinaba con las aventuras del Capitán Nemo sumergido en las profundidades del mar, al mando de aquel fantástico submarino. Sentía una mezcla de admiración, miedo y curiosidad hacia el personaje, hacia sus aventuras. Mejor dicho, eso es lo que creo hoy que sentía en aquel momento. La música inicial era hipnotizadora y ha llegado hoy con un billete de regreso a mi infancia.

¿Estaba ahí el espíritu de mi germen viajero? ¿En esa mezcla de curiosidad y cobardía? ¿En querer mirar y esconderse al mismo tiempo? La respuesta es, como la isla de Verne, misteriosa. Y me gustaría mucho conocerla, pero no me atrevo a responderla.

https://www.youtube.com/watch?v=6jVEOlPVRWM