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Credo

Creo en la eternidad de un instante.
No creo en la distancia ni en el olvido.
Creo en las puestas de sol,
"here comes", canta Harrison.
No creo en los libros de instrucciones.
Creo en las casualidades.
No creo en la mentira
que dice ser verdad.
Creo en las olas del mar,
que vienen y van
como tú, como yo.
No creo en los adivinos.
Creo en los espejos.
No creo en los disfraces.
Creo en las estaciones,
en los trenes y los otoños.
No creo en las revoluciones
que acaban en pasado.
Creo en las sonrisas
y en el llanto.
No creo al mediocre.
Creo al humilde,
porque es sabio.
Creo en los atardeceres.
No creo en los pantanos.
Creo que me creo.
No creo que me creas.

Comentarios

QuietBrown ha dicho que…
Jejeje, justo escribí durante el puente un poema del mismo estilo -peor, desde luego- que publicaré en algún momento. Ya me dirás qué te parece entonces, pero yo creo que cada uno debería tener su credo lleno de contradicciones, pero claro como el agua... =)
Alfonso C. Cobo Espejo ha dicho que…
No creo que sea peor.
Creo que, en todo caso, será diferente.
No creo en las llanuras.
Creo en las contradicciones.

Entradas populares de este blog

El poeta puede

El poeta puede ver el beso
medio lleno o medio vacío
El poeta lima
El poeta lame
El poeta no tiene lema
El poeta le busca todas las vueltas a Roma
rema que te rema
rima que te rima
de ramo en ramo
El poeta puede volar por los aires
y estrellarse en el cielo.
Acaso entonces se da cuenta:
su poema ha llegado a su ocaso.

Mañana iremos todos juntos a comer croquetas

Estaba en Madrid. Tenía un trabajo bonito y mal pagado. Vivía rodeado de libros, de viejas y de nuevas historias. Esa tarde era un parque y primavera. Una llamada cerró el parque y nubló el cielo. No quiero escribir aquí sobre las lágrimas que recorrieron aquel trayecto de vuelta a casa. Me niego.

Yo escribo aquí sobre el río de generosidad que se desbordaba siempre a tu paso. Me gustaría hablar también de la lluvia. En tu casa diluviaban besos. Yo he crecido regado por tu cariño y tu alegría.

Han pasado seis años y tu río no se seca porque siempre llueves, abuela.

Me gustaría mucho decirte que soy feliz y que mañana, después de misa con zapatos nuevos, iremos todos juntos a comer croquetas.





Tarde de frío

El domingo tirita
cuando se hace de noche
y sabe que su tiempo aquí se acaba.

Bicicletas de invierno
reclaman su condición de juguete de verano
y las manos en el manillar
suplican guantes a Dios.

La lluvia
se presenta en la escena
sin tarjeta de invitación.
La dejan pasar
a pesar de eso.

No hay manual para calles mojadas
cansadas de asfalto
ni instrucciones para sortear
charcos.

Pedales y frenos.
Luces.
Intermitentes.

Algún día el viento
te dirá algo.