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Lo efímero

Lo efímero suele ser bello
porque no cansa:

palabras de amor escritas con ceras
en la mesa de un restaurante

el momento en que dispara
la cámara fotográfica

un beso a escondidas contra la pared,
en un portal de madrugada

tu falda invadida por mis manos
cuando duermen ya los parques

la primera vez que una ola
te moja los pies en la orilla de tu playa

o un poema.

(Esto, entre otras muchas cosas)

Comentarios

Álvaro ha dicho que…
Lo efímero posee una belleza pura, no contaminada por lo cotidiano, lo burdo, lo mediocre. Sin embargo, rememorar lo efímero conlleva siempre una cierta idealización que suele inducir a la parálisis.
Aquel gran baño en aguas cristalinas pudo ser maravilloso, pero al volver al mismo rio el agua puede estar contaminada y ser muy desagradable. Espero que cuando dentro de unos años vuelvas a ver el Mekong no tengas esa sensación.
Muchas gracias por hacernos pensar Alfonso. Un abrazo muy fuerte desde tu 3ª ó 4ª ciudad.
Alfonso C. Cobo Espejo ha dicho que…
De una precisión, finura e inteligencia que sólo alguien como tú podría conseguir. Gracias por tu comentario, Álvaro. Un abrazo con ganas de reencuentro.
QuietBrown ha dicho que…
No superaré las palabras de Álvaro, así que seré breve: qué bueno volver a leerte.
Alfonso C. Cobo Espejo ha dicho que…
Qué bueno volver a saber que me lees. Alfonso.
Desde la luna ha dicho que…
Efímero, como la brisa que creas al pasar, pero eterno, como la estela que dejas...
Alfonso C. Cobo Espejo ha dicho que…
Me halaga mucho tu comentario, desde la luna. Un beso al satélite.

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Veo en un pequeño recuadro
que ahora eres amiga de
Brian y Marcella
y que a las nueve de este otoño
irás a beber melancolía
de once grados con Luis.

Descubro que te gusta
pisar los charcos
cuando llueve
y que detestas los inviernos
en abril.

Aunque ya no hablo contigo,
conozco tu ciudad actual
y recuerdo cuál fue tu origen,
que cumples años en diciembre
y te gusta prender fuego
al calendario si te arrastra
la nostalgia en primavera.

Últimamente has viajado a Lisboa,
intuyo que te mecen los tranvías
y te seducen los viejos cafés
color sepia.
Lo sé por tu fotografía
en aquella calle de Bruselas,
donde Magritte fumaba en pipa dorada.

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en noviembre
y disfruto con tu colección de sonrisas
o el último vestido azul
que guardas en tu perfil.

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aunque te acompañan ciento veinte
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Abuelo Paco

En memoria de mi querido abuelo Paco,
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Siete años
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la palabra muerte.
Así que pinté
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y los olivares.
Todo eso fue después,
cuando ya no estaba él.
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en que empecé a andar,
pero todavía sé mirar de pequeño
y levantar la cabeza
para ver personas grandes.
Yo te encuentro así, abuelo.

Trece febreros y dos días

Han pasado trece febreros.
Trece febreros y dos días.
El invierno era entonces distinto.
Más largo,
más frío.
Yo era un joven de secano
que buscaba mensajes en el mar.
Hoy,
trece febreros y dos días después
sé que no hay guaridas para náufragos
y que no hay náufrago
que no busque,
alguna vez,
una guarida.