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Lo efímero

Lo efímero suele ser bello
porque no cansa:

palabras de amor escritas con ceras
en la mesa de un restaurante

el momento en que dispara
la cámara fotográfica

un beso a escondidas contra la pared,
en un portal de madrugada

tu falda invadida por mis manos
cuando duermen ya los parques

la primera vez que una ola
te moja los pies en la orilla de tu playa

o un poema.

(Esto, entre otras muchas cosas)

Comentarios

Álvaro ha dicho que…
Lo efímero posee una belleza pura, no contaminada por lo cotidiano, lo burdo, lo mediocre. Sin embargo, rememorar lo efímero conlleva siempre una cierta idealización que suele inducir a la parálisis.
Aquel gran baño en aguas cristalinas pudo ser maravilloso, pero al volver al mismo rio el agua puede estar contaminada y ser muy desagradable. Espero que cuando dentro de unos años vuelvas a ver el Mekong no tengas esa sensación.
Muchas gracias por hacernos pensar Alfonso. Un abrazo muy fuerte desde tu 3ª ó 4ª ciudad.
Alfonso C. Cobo Espejo ha dicho que…
De una precisión, finura e inteligencia que sólo alguien como tú podría conseguir. Gracias por tu comentario, Álvaro. Un abrazo con ganas de reencuentro.
QuietBrown ha dicho que…
No superaré las palabras de Álvaro, así que seré breve: qué bueno volver a leerte.
Alfonso C. Cobo Espejo ha dicho que…
Qué bueno volver a saber que me lees. Alfonso.
Desde la luna ha dicho que…
Efímero, como la brisa que creas al pasar, pero eterno, como la estela que dejas...
Alfonso C. Cobo Espejo ha dicho que…
Me halaga mucho tu comentario, desde la luna. Un beso al satélite.

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El poeta puede

El poeta puede ver el beso
medio lleno o medio vacío
El poeta lima
El poeta lame
El poeta no tiene lema
El poeta le busca todas las vueltas a Roma
rema que te rema
rima que te rima
de ramo en ramo
El poeta puede volar por los aires
y estrellarse en el cielo.
Acaso entonces se da cuenta:
su poema ha llegado a su ocaso.

Mañana iremos todos juntos a comer croquetas

Estaba en Madrid. Tenía un trabajo bonito y mal pagado. Vivía rodeado de libros, de viejas y de nuevas historias. Esa tarde era un parque y primavera. Una llamada cerró el parque y nubló el cielo. No quiero escribir aquí sobre las lágrimas que recorrieron aquel trayecto de vuelta a casa. Me niego.

Yo escribo aquí sobre el río de generosidad que se desbordaba siempre a tu paso. Me gustaría hablar también de la lluvia. En tu casa diluviaban besos. Yo he crecido regado por tu cariño y tu alegría.

Han pasado seis años y tu río no se seca porque siempre llueves, abuela.

Me gustaría mucho decirte que soy feliz y que mañana, después de misa con zapatos nuevos, iremos todos juntos a comer croquetas.





Tarde de frío

El domingo tirita
cuando se hace de noche
y sabe que su tiempo aquí se acaba.

Bicicletas de invierno
reclaman su condición de juguete de verano
y las manos en el manillar
suplican guantes a Dios.

La lluvia
se presenta en la escena
sin tarjeta de invitación.
La dejan pasar
a pesar de eso.

No hay manual para calles mojadas
cansadas de asfalto
ni instrucciones para sortear
charcos.

Pedales y frenos.
Luces.
Intermitentes.

Algún día el viento
te dirá algo.