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Mis palabras son esdrújulas

Te quiero escribir un poema
brújula,
oxígeno,
romántico,
onírico,
cósmico,
marítimo,
melódico,
nostálgico,
fantástico,
melancólico.

Y no quiero
que mis versos
sean una colección de líneas
raquíticas,
fatídicas,
famélicas,
tímidas,
caóticas,
patéticas,
sintéticas
que sirvan sólo para
convertir en estadística
el último de mis escritos.

Comentarios

maria fernanda ferre ha dicho que…
Hola Alfonso;sigo el blog de tu padre y también te leo.Vaya parejita!,cómo celebro este descubrimiento.Me gustó mucho tu poema.Saludos.
Desde la luna ha dicho que…
Siempre me han encantado las palabras esdrújulas, parece que hasta expresan más que las demás... Son fantásticas, como tu poema.
=) Te leo.
Un saludo.e
Alfonso C. Cobo Espejo ha dicho que…
Vuestros comentarios son balsámicos y permanecen en mi tiempo (no son efímeros). Gracias.
Réquiem por Amor ha dicho que…
Me gustan tus pálabras!jaja
Así que tu padre también es poeta...¿cual es su blog?
un saludo
Alfonso C. Cobo Espejo ha dicho que…
Requiem, gracias de nuevo! El blog de mi padre es www.riografia.blogspot.com. Un saludo, y a seguir emborrachándose y enamorándose de las esdrújulas sin consecuencias trágicas.
QuietBrown ha dicho que…
Las esdrújulas pueden ser demasiado barrocas o las más ajustadas... Me gustó. Por cierto, me sale un poema en Reader que no veo en la página =S
¡Un besote!

Entradas populares de este blog

El poeta puede

El poeta puede ver el beso
medio lleno o medio vacío
El poeta lima
El poeta lame
El poeta no tiene lema
El poeta le busca todas las vueltas a Roma
rema que te rema
rima que te rima
de ramo en ramo
El poeta puede volar por los aires
y estrellarse en el cielo.
Acaso entonces se da cuenta:
su poema ha llegado a su ocaso.

Mañana iremos todos juntos a comer croquetas

Estaba en Madrid. Tenía un trabajo bonito y mal pagado. Vivía rodeado de libros, de viejas y de nuevas historias. Esa tarde era un parque y primavera. Una llamada cerró el parque y nubló el cielo. No quiero escribir aquí sobre las lágrimas que recorrieron aquel trayecto de vuelta a casa. Me niego.

Yo escribo aquí sobre el río de generosidad que se desbordaba siempre a tu paso. Me gustaría hablar también de la lluvia. En tu casa diluviaban besos. Yo he crecido regado por tu cariño y tu alegría.

Han pasado seis años y tu río no se seca porque siempre llueves, abuela.

Me gustaría mucho decirte que soy feliz y que mañana, después de misa con zapatos nuevos, iremos todos juntos a comer croquetas.





Tarde de frío

El domingo tirita
cuando se hace de noche
y sabe que su tiempo aquí se acaba.

Bicicletas de invierno
reclaman su condición de juguete de verano
y las manos en el manillar
suplican guantes a Dios.

La lluvia
se presenta en la escena
sin tarjeta de invitación.
La dejan pasar
a pesar de eso.

No hay manual para calles mojadas
cansadas de asfalto
ni instrucciones para sortear
charcos.

Pedales y frenos.
Luces.
Intermitentes.

Algún día el viento
te dirá algo.