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Y en tu cuerpo estalla una tormenta

He empezado con los huesos
de tu espalda,
y una blusa transparente
que aprendo a desabrochar
a cámara lenta,
con una sola mano.
Los otros cinco dedos
se pierden en tu pelo
y alrededores.
Al mismo tiempo, mi boca
convence a la tuya
de que besarnos es un acierto.
Tu cuello asiente,
tu lengua actúa.

Entonces, te recorro
y en tu cuerpo
estalla una tormenta:
rayos, truenos, ¡primavera!
Tus manos,
muy celosas de las mías,
viajan en ascensor
arrasando a su paso
cremalleras y botones.

Al final, tú y yo desnudos
en un espacio de
libre circulación,
riéndonos de las fronteras
y del parte meteorológico.

Comentarios

Beluka ha dicho que…
Precioso :)
Miguel Cobo ha dicho que…
Parece ser, mon fils, que estar "atormentado" no siempre significa estar sufriendo. Alta temperatura poética, material inflamable, palabras en estado de ignición. Ahora bien, no conviene reirse del parte meteorológico: los resfriados acechan en esas circunstancias.

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El poeta puede

El poeta puede ver el beso
medio lleno o medio vacío
El poeta lima
El poeta lame
El poeta no tiene lema
El poeta le busca todas las vueltas a Roma
rema que te rema
rima que te rima
de ramo en ramo
El poeta puede volar por los aires
y estrellarse en el cielo.
Acaso entonces se da cuenta:
su poema ha llegado a su ocaso.

Mañana iremos todos juntos a comer croquetas

Estaba en Madrid. Tenía un trabajo bonito y mal pagado. Vivía rodeado de libros, de viejas y de nuevas historias. Esa tarde era un parque y primavera. Una llamada cerró el parque y nubló el cielo. No quiero escribir aquí sobre las lágrimas que recorrieron aquel trayecto de vuelta a casa. Me niego.

Yo escribo aquí sobre el río de generosidad que se desbordaba siempre a tu paso. Me gustaría hablar también de la lluvia. En tu casa diluviaban besos. Yo he crecido regado por tu cariño y tu alegría.

Han pasado seis años y tu río no se seca porque siempre llueves, abuela.

Me gustaría mucho decirte que soy feliz y que mañana, después de misa con zapatos nuevos, iremos todos juntos a comer croquetas.





Tarde de frío

El domingo tirita
cuando se hace de noche
y sabe que su tiempo aquí se acaba.

Bicicletas de invierno
reclaman su condición de juguete de verano
y las manos en el manillar
suplican guantes a Dios.

La lluvia
se presenta en la escena
sin tarjeta de invitación.
La dejan pasar
a pesar de eso.

No hay manual para calles mojadas
cansadas de asfalto
ni instrucciones para sortear
charcos.

Pedales y frenos.
Luces.
Intermitentes.

Algún día el viento
te dirá algo.