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Ella en el pasillo

La empecé a olvidar
en la habitación de un hotel.
Recuerdo que me dio un libro
y tuvimos una conversación
seca y breve.

Luego se perdió
en la oscuridad del pasillo,
que se volvía negro y más negro,
como su vestido.

Me gustaban sus ojos grandes
y penetrantes,
sus piernas largas
y su sonrisa.

Un día llegué a intuir su boca,
pero se me olvidó pronunciar
las palabras adecuadas al oído;
o quizás susurrarle
un silencio preciso.

Siento un pellizco al recordarla, como
si yo fuera alguno de los tirantes
que aquella noche le arranqué.

La habitación del hotel era el mar
y, a ella, se la llevaron las olas
por el pasillo.

Comentarios

Miguel Cobo ha dicho que…
¡Qué bien, qué bien, qué bien...!
crisálida ha dicho que…
muy bonito lo del pellizco,
duele y es sensual a la vez
Kanaima ha dicho que…
Sí, menudo pellizco me has dado a mí también. Duele a digna despedida...
Anónimo ha dicho que…
sin duda una despedida preciosa,lástima que siempre sean dolorosas
Martina ha dicho que…
Tranquilo, conozco bien el mar y las olas siempre llevan a tierra todo de vuelta

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El poeta puede

El poeta puede ver el beso
medio lleno o medio vacío
El poeta lima
El poeta lame
El poeta no tiene lema
El poeta le busca todas las vueltas a Roma
rema que te rema
rima que te rima
de ramo en ramo
El poeta puede volar por los aires
y estrellarse en el cielo.
Acaso entonces se da cuenta:
su poema ha llegado a su ocaso.

Mañana iremos todos juntos a comer croquetas

Estaba en Madrid. Tenía un trabajo bonito y mal pagado. Vivía rodeado de libros, de viejas y de nuevas historias. Esa tarde era un parque y primavera. Una llamada cerró el parque y nubló el cielo. No quiero escribir aquí sobre las lágrimas que recorrieron aquel trayecto de vuelta a casa. Me niego.

Yo escribo aquí sobre el río de generosidad que se desbordaba siempre a tu paso. Me gustaría hablar también de la lluvia. En tu casa diluviaban besos. Yo he crecido regado por tu cariño y tu alegría.

Han pasado seis años y tu río no se seca porque siempre llueves, abuela.

Me gustaría mucho decirte que soy feliz y que mañana, después de misa con zapatos nuevos, iremos todos juntos a comer croquetas.





Tarde de frío

El domingo tirita
cuando se hace de noche
y sabe que su tiempo aquí se acaba.

Bicicletas de invierno
reclaman su condición de juguete de verano
y las manos en el manillar
suplican guantes a Dios.

La lluvia
se presenta en la escena
sin tarjeta de invitación.
La dejan pasar
a pesar de eso.

No hay manual para calles mojadas
cansadas de asfalto
ni instrucciones para sortear
charcos.

Pedales y frenos.
Luces.
Intermitentes.

Algún día el viento
te dirá algo.