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Ella en el pasillo

La empecé a olvidar
en la habitación de un hotel.
Recuerdo que me dio un libro
y tuvimos una conversación
seca y breve.

Luego se perdió
en la oscuridad del pasillo,
que se volvía negro y más negro,
como su vestido.

Me gustaban sus ojos grandes
y penetrantes,
sus piernas largas
y su sonrisa.

Un día llegué a intuir su boca,
pero se me olvidó pronunciar
las palabras adecuadas al oído;
o quizás susurrarle
un silencio preciso.

Siento un pellizco al recordarla, como
si yo fuera alguno de los tirantes
que aquella noche le arranqué.

La habitación del hotel era el mar
y, a ella, se la llevaron las olas
por el pasillo.

Comentarios

Miguel Cobo ha dicho que…
¡Qué bien, qué bien, qué bien...!
crisálida ha dicho que…
muy bonito lo del pellizco,
duele y es sensual a la vez
Kanaima ha dicho que…
Sí, menudo pellizco me has dado a mí también. Duele a digna despedida...
Anónimo ha dicho que…
sin duda una despedida preciosa,lástima que siempre sean dolorosas
Martina ha dicho que…
Tranquilo, conozco bien el mar y las olas siempre llevan a tierra todo de vuelta

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Veo en un pequeño recuadro
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Brian y Marcella
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irás a beber melancolía
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Instantánea nocturno-sonora de verano en Katmandú

Los aviones vuelan por la noche en Katmandú
como si volaran más cerca todavía
de lo que vuelan.

Los cláxones suenan por la noche en Katmandú
Como si sonaran más cerca todavía
de lo que suenan.

Los perros ladran por la noche en Katmandú
como si ladraran más cerca todavía
de lo que ladran.

Las ranas croan por la noche en Katmandú
como si croaran más cerca todavía
de lo que croan.

Los grillos grillan por la noche en Katmandú
como si grillaran más cerca todavía
de lo que grillan.

La lluvia cae por la noche en Katmandú
como si cayera más cerca todavía
de lo que cae.