Ir al contenido principal

Nacimiento, muerte y resurrección de un mes

Nace diciembre,
es una criatura fría,
pero festiva.
Es caprichosa y de piel blanca.

Su vida es corta.
Morirá a los 31.
De hecho, puedo adivinar su muerte:
el fallecimiento ocurrirá
tras doce campanadas
y un puñado de uvas.

Luego siempre viene enero,
que la entierra.
Pero diciembre,
aunque muere joven y de indigestión,
siempre resucita.

Comentarios

ro ha dicho que…
te has perdido un concierto delicioso. no sé cómo, pero de repente parecía que estábamos al calor de una chimenea con miles de grados bajo cero al otro lado de la puerta. viva diciembre!
Alfonso C. Cobo Espejo ha dicho que…
¿Sí? ¡Qué lástima! Pero yo estaba hoy bajo cero sin salir a la calle. No era buena chimenea.

Entradas populares de este blog

El poeta puede

El poeta puede ver el beso
medio lleno o medio vacío
El poeta lima
El poeta lame
El poeta no tiene lema
El poeta le busca todas las vueltas a Roma
rema que te rema
rima que te rima
de ramo en ramo
El poeta puede volar por los aires
y estrellarse en el cielo.
Acaso entonces se da cuenta:
su poema ha llegado a su ocaso.

Mañana iremos todos juntos a comer croquetas

Estaba en Madrid. Tenía un trabajo bonito y mal pagado. Vivía rodeado de libros, de viejas y de nuevas historias. Esa tarde era un parque y primavera. Una llamada cerró el parque y nubló el cielo. No quiero escribir aquí sobre las lágrimas que recorrieron aquel trayecto de vuelta a casa. Me niego.

Yo escribo aquí sobre el río de generosidad que se desbordaba siempre a tu paso. Me gustaría hablar también de la lluvia. En tu casa diluviaban besos. Yo he crecido regado por tu cariño y tu alegría.

Han pasado seis años y tu río no se seca porque siempre llueves, abuela.

Me gustaría mucho decirte que soy feliz y que mañana, después de misa con zapatos nuevos, iremos todos juntos a comer croquetas.





Tarde de frío

El domingo tirita
cuando se hace de noche
y sabe que su tiempo aquí se acaba.

Bicicletas de invierno
reclaman su condición de juguete de verano
y las manos en el manillar
suplican guantes a Dios.

La lluvia
se presenta en la escena
sin tarjeta de invitación.
La dejan pasar
a pesar de eso.

No hay manual para calles mojadas
cansadas de asfalto
ni instrucciones para sortear
charcos.

Pedales y frenos.
Luces.
Intermitentes.

Algún día el viento
te dirá algo.