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Cosas que es mejor no pensarlas, porque si no puedes acabar volviéndote loco

De Novecento. La leyenda del pianista en el océano (Alessandro Baricco)

Cuando se cae un cuadro.
Cuando despiertas una mañana y ya no la amas.
Cuando abres el periódico y lees que ha estallado la guerra.
Cuando ves un tren y piensas tengo que largarme de aquí.
Cuando te miras en el espejo y te das cuenta de que eres viejo.


Y yo añado:

Cuando fracasa la propiedad conmutativa de la suma
(y el orden de los factores sí altera el producto).
Cuando su boca emite un silencio ensordecedor.
Cuando las mariposas se quedan sin lengua.
Cuando tienes la sensación de un beso, pero no hay beso.
Cuando te sientes triste, pero no tienes ningún motivo para estar triste.

Comentarios

Leonor ha dicho que…
cuando querer no es poder,
cuando soñar es vivir...
alcanzamos otro mundo.
¿ más verdadero que el nuestro?
Desde la luna ha dicho que…
No sé con cual quedarme... la última, la tercera... en cualquier caso, me estremecen las conclusiones y sí, creo que ya estoy volviéndome loca, al poner nombre a muchas de las cosas que no conseguía nombrar hasta ahora.

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El poeta puede

El poeta puede ver el beso
medio lleno o medio vacío
El poeta lima
El poeta lame
El poeta no tiene lema
El poeta le busca todas las vueltas a Roma
rema que te rema
rima que te rima
de ramo en ramo
El poeta puede volar por los aires
y estrellarse en el cielo.
Acaso entonces se da cuenta:
su poema ha llegado a su ocaso.

Mañana iremos todos juntos a comer croquetas

Estaba en Madrid. Tenía un trabajo bonito y mal pagado. Vivía rodeado de libros, de viejas y de nuevas historias. Esa tarde era un parque y primavera. Una llamada cerró el parque y nubló el cielo. No quiero escribir aquí sobre las lágrimas que recorrieron aquel trayecto de vuelta a casa. Me niego.

Yo escribo aquí sobre el río de generosidad que se desbordaba siempre a tu paso. Me gustaría hablar también de la lluvia. En tu casa diluviaban besos. Yo he crecido regado por tu cariño y tu alegría.

Han pasado seis años y tu río no se seca porque siempre llueves, abuela.

Me gustaría mucho decirte que soy feliz y que mañana, después de misa con zapatos nuevos, iremos todos juntos a comer croquetas.





Tarde de frío

El domingo tirita
cuando se hace de noche
y sabe que su tiempo aquí se acaba.

Bicicletas de invierno
reclaman su condición de juguete de verano
y las manos en el manillar
suplican guantes a Dios.

La lluvia
se presenta en la escena
sin tarjeta de invitación.
La dejan pasar
a pesar de eso.

No hay manual para calles mojadas
cansadas de asfalto
ni instrucciones para sortear
charcos.

Pedales y frenos.
Luces.
Intermitentes.

Algún día el viento
te dirá algo.