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Diciembre, te toca cerrar la puerta:
atrás dejaste un noviembre agridulce,
de maletas quebradizas y besos invisibles
un octubre que se perdió entre hojas,
días de palabras liberadas y condes indecisos;
septiembre supo a reencuentros furtivos,
a amistades embriagadas
fieles, pero efímeras;
me robaron agosto tras alejarme de mi orilla
olas suaves del sur
borradas tras espumas doradas y borrosas;
las melodías inundaron julio,
las ciudades susurraban versos al oído;
incierto y decolocado me encontró junio
vagaba por las calles guiado por los gritos;
en mayo no hubo fotos,
el carrusel no dejaba de dar vueltas
y el camino hacía eses;
abril fue azul,
sonaban los Beatles tras navegar mares negros
de Europa a Asia, descalzo y sorprendido;
el francés conquistó marzo,
je, tu, il, elle, nous, vous, ils, elles
una bici sueca me paseó en febrero
y Viena me embrujó sin avisar;
en enero se abrió la puerta
que hoy cierras, doce.

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
une autre année s'en va, mais on reste, on reste.

Te quiero Fon!
phj
Janaina Brum ha dicho que…
Precioso poema...
Carmen Belén ha dicho que…
Qué quieres que te diga Alfonso?? Ya sabes lo que opino de tus poemas!! Impresionante. Me ha encantado!! Sigue así para poder llenar con palabras sentidas los momentos sin sentido!. Un besazo. muaka!

Entradas populares de este blog

Facebook

Veo en un pequeño recuadro
que ahora eres amiga de
Brian y Marcella
y que a las nueve de este otoño
irás a beber melancolía
de once grados con Luis.

Descubro que te gusta
pisar los charcos
cuando llueve
y que detestas los inviernos
en abril.

Aunque ya no hablo contigo,
conozco tu ciudad actual
y recuerdo cuál fue tu origen,
que cumples años en diciembre
y te gusta prender fuego
al calendario si te arrastra
la nostalgia en primavera.

Últimamente has viajado a Lisboa,
intuyo que te mecen los tranvías
y te seducen los viejos cafés
color sepia.
Lo sé por tu fotografía
en aquella calle de Bruselas,
donde Magritte fumaba en pipa dorada.

Sueles cambiar de cara a menudo,
me divierten tus gafas de sol
en noviembre
y disfruto con tu colección de sonrisas
o el último vestido azul
que guardas en tu perfil.

Vuelves a estar soltera,
aunque te acompañan ciento veinte
comentarios por debajo
dándote ánimos
y diciendo que él era un idiota.

Aún tiritas cuando alguien te habla
del pasado.
Por eso has borrado mi felicitación
de cumpleaños
y ha…

Abuelo Paco

En memoria de mi querido abuelo Paco,
que se marchó hace 24 años.


Siete años
y era invierno.
Yo aún no lo sabía.
Con esa edad
nadie te enseña
a escribir
la palabra muerte.
Así que pinté
a mi abuelo en
un dibujo:
estaba rodeado
de sí mismo
y podía flotar
encima de las nubes.
Yo las pinté blancas,
sin saber
que era un día gris.
Hoy tengo ya memoria.
Puedo incluso perderla
o inventarla.
Yo recuerdo a un loco
con una bolsa de supermercado
en la cabeza.
También recuerdo a otro,
a las afueras del pueblo.
Cigarro en boca,
deambula entre la carretera
y los olivares.
Todo eso fue después,
cuando ya no estaba él.
Se me olvida el día
en que empecé a andar,
pero todavía sé mirar de pequeño
y levantar la cabeza
para ver personas grandes.
Yo te encuentro así, abuelo.

Trece febreros y dos días

Han pasado trece febreros.
Trece febreros y dos días.
El invierno era entonces distinto.
Más largo,
más frío.
Yo era un joven de secano
que buscaba mensajes en el mar.
Hoy,
trece febreros y dos días después
sé que no hay guaridas para náufragos
y que no hay náufrago
que no busque,
alguna vez,
una guarida.