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Hache


Cristina, la gordita, va a tener un hijo,
Rodrigo, el mejor expediente, se mete coca en el servicio,
la estirada de Claudia dobla ropa en Zara
y a Martín se le acaba la beca en Arizona

Rubén sigue teniendo miedo a las alturas,
los ascensores siguen encerrando a Lucía,
Juan se fue a Madrid
y los extranjeros siguen en el extranjero.

De vez en cuando el eco me cuenta algo de ellos.
Después, me miro al espejo,
veo una película o escucho música
y comienzo a hacerme preguntas.

Comentarios

paquito ha dicho que…
Hola Alfonso,

Soy carlos el amigo gallego de Jesus.

Aburrido en el trabajo me he acordado de una página donde publiqué hace años algo, aunque no me acordaba de que era.
Y resultó que era una especie de acto de obra teatral que hablaba sobre el tiempo.

Luego me acordé de tu blog y tenías este apartado sobre este curioso elemento, y me he puesto a leer los poemas.

Total, todo este rollo para decirte que me ha encantado este poema.

Nada más.ah y suerte con el concurso de poesía de Guadalajara(creo que era allli).

Un saludo.Carlos.
Alfonso C. Cobo Espejo ha dicho que…
Carlos!

Qué alegría tu regreso por aquí y el reencuentro personal "latinero" después de la visita "movida" a Lyon.

Me alegre mucho de que te guste lo que escribo porque tu opinión es de las que cuentan. Muchas gracias por los buenos deseos sobre el concurso.

Oye, a ver si quedamos otro día para tomar algo.

Un abazo "paquito"

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El poeta puede

El poeta puede ver el beso
medio lleno o medio vacío
El poeta lima
El poeta lame
El poeta no tiene lema
El poeta le busca todas las vueltas a Roma
rema que te rema
rima que te rima
de ramo en ramo
El poeta puede volar por los aires
y estrellarse en el cielo.
Acaso entonces se da cuenta:
su poema ha llegado a su ocaso.

Mañana iremos todos juntos a comer croquetas

Estaba en Madrid. Tenía un trabajo bonito y mal pagado. Vivía rodeado de libros, de viejas y de nuevas historias. Esa tarde era un parque y primavera. Una llamada cerró el parque y nubló el cielo. No quiero escribir aquí sobre las lágrimas que recorrieron aquel trayecto de vuelta a casa. Me niego.

Yo escribo aquí sobre el río de generosidad que se desbordaba siempre a tu paso. Me gustaría hablar también de la lluvia. En tu casa diluviaban besos. Yo he crecido regado por tu cariño y tu alegría.

Han pasado seis años y tu río no se seca porque siempre llueves, abuela.

Me gustaría mucho decirte que soy feliz y que mañana, después de misa con zapatos nuevos, iremos todos juntos a comer croquetas.





Tarde de frío

El domingo tirita
cuando se hace de noche
y sabe que su tiempo aquí se acaba.

Bicicletas de invierno
reclaman su condición de juguete de verano
y las manos en el manillar
suplican guantes a Dios.

La lluvia
se presenta en la escena
sin tarjeta de invitación.
La dejan pasar
a pesar de eso.

No hay manual para calles mojadas
cansadas de asfalto
ni instrucciones para sortear
charcos.

Pedales y frenos.
Luces.
Intermitentes.

Algún día el viento
te dirá algo.