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Miradas


Se encuentran en las estaciones,
en las colas del cine,
en los bares con música,
en los días de lluvia,
en las aceras estrechas,
en los túneles del metro,
en las escaleras mecánicas,
en las puertas de embarque...
Después, se pierden.

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
et il y a ceux qui demandent: regarde moi!
phj
Kanaima ha dicho que…
Anoche, contra toda lógica, otras dos miradas volvieron a cruzarse. Atravesaron de algún modo el abismo de los mapas, de los teléfonos móviles con sus tarifas prohibitivas, la trinchera del hastío... y todo para simplemente susurrarse al oído un te echo de menos, cuándo vienes, qué tajá que llevo, tú lo mismo no?.... extrañocuriososingular fenómeno, insólito cometa que rasga el cielo tarareando esa canción, la oyes? leve, casi imperceptible pero que nunca deja de sonar -dorremifasol- en el piano del recuerdo: esas pocas notas, preciosas, del amigo que está lejos.

GRACIAS PATILLAS QUE ILUSION, QUE ILUSION ME HIZO TU LLAMADA!!!!
Kanaima ha dicho que…
Anoche, contra toda lógica, otras dos miradas volvieron a cruzarse. Atravesaron de algún modo el abismo de los mapas, de los teléfonos móviles con sus tarifas prohibitivas, la trinchera del hastío... y todo para simplemente susurrarse al oído un te echo de menos, cuándo vienes, qué tajá que llevo, tú lo mismo no?.... extrañocuriososingular fenómeno, insólito cometa que rasga el cielo tarareando esa canción, la oyes? leve, casi imperceptible pero que nunca deja de sonar -dorremifasol- en el piano del recuerdo: esas pocas notas, preciosas, del amigo que está lejos.

GRACIAS PATILLAS QUE ILUSION, QUE ILUSION ME HIZO TU LLAMADA!!!!

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Veo en un pequeño recuadro
que ahora eres amiga de
Brian y Marcella
y que a las nueve de este otoño
irás a beber melancolía
de once grados con Luis.

Descubro que te gusta
pisar los charcos
cuando llueve
y que detestas los inviernos
en abril.

Aunque ya no hablo contigo,
conozco tu ciudad actual
y recuerdo cuál fue tu origen,
que cumples años en diciembre
y te gusta prender fuego
al calendario si te arrastra
la nostalgia en primavera.

Últimamente has viajado a Lisboa,
intuyo que te mecen los tranvías
y te seducen los viejos cafés
color sepia.
Lo sé por tu fotografía
en aquella calle de Bruselas,
donde Magritte fumaba en pipa dorada.

Sueles cambiar de cara a menudo,
me divierten tus gafas de sol
en noviembre
y disfruto con tu colección de sonrisas
o el último vestido azul
que guardas en tu perfil.

Vuelves a estar soltera,
aunque te acompañan ciento veinte
comentarios por debajo
dándote ánimos
y diciendo que él era un idiota.

Aún tiritas cuando alguien te habla
del pasado.
Por eso has borrado mi felicitación
de cumpleaños
y ha…

Abuelo Paco

En memoria de mi querido abuelo Paco,
que se marchó hace 24 años.


Siete años
y era invierno.
Yo aún no lo sabía.
Con esa edad
nadie te enseña
a escribir
la palabra muerte.
Así que pinté
a mi abuelo en
un dibujo:
estaba rodeado
de sí mismo
y podía flotar
encima de las nubes.
Yo las pinté blancas,
sin saber
que era un día gris.
Hoy tengo ya memoria.
Puedo incluso perderla
o inventarla.
Yo recuerdo a un loco
con una bolsa de supermercado
en la cabeza.
También recuerdo a otro,
a las afueras del pueblo.
Cigarro en boca,
deambula entre la carretera
y los olivares.
Todo eso fue después,
cuando ya no estaba él.
Se me olvida el día
en que empecé a andar,
pero todavía sé mirar de pequeño
y levantar la cabeza
para ver personas grandes.
Yo te encuentro así, abuelo.

Trece febreros y dos días

Han pasado trece febreros.
Trece febreros y dos días.
El invierno era entonces distinto.
Más largo,
más frío.
Yo era un joven de secano
que buscaba mensajes en el mar.
Hoy,
trece febreros y dos días después
sé que no hay guaridas para náufragos
y que no hay náufrago
que no busque,
alguna vez,
una guarida.