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REWIND

Escribo una crónica desde mi ordenador de Sablé a las 21:30 de la noche del lunes 3 de marzo de 2008. Estoy escuchando la radio y pensando cómo resumir los días de vacaciones. Puede que eliminando esta introducción, por ejemplo. Sin embargo, no lo haré así.

Anoche llegué a Sablé hacia las 21 horas. Atrás dejé 3 capitales europeas: París, Estocolmo y Viena. El contraste es grande. Cambio de metros, ruido y gente por vacas y silencio. Cada cosa tiene su encanto, aunque a día de hoy me quedo con el perfil urbano.

Voy a ir del final al principio.

Al final, ya estaba muy cansado y me fui a dormir.

Estuve en París con tres amigos. Fuimos a ver el museo de Orsay, pero había mucha gente. Así que nos fuimos a los puestos del Sena. Lupin y Asterix en el bolsillo para futuras lecturas a módico precio. Antes, habíamos salido por la noche a una zona que estaba bastante bien y no era muy cara. Bebimos en un pub brasileño y en una mini disco-pub donde terminamos la noche hasta el primer metro, que nos llevó a una casa donde dormimos cual okupas.

Antes de aterrizar en París, había despegado en Viena. Allí pasé 3 días, en los cuales descubrí una de las ciudades más bellas de Europa. Aproveché para reencontrarme con viejos amigos Erasmus que me dieron cobijo en la capital austriaca. Recorrimos la ciudad admirados por su grandeza y acabamos bebiendo cerveza.

La noche en Orly se hizo larga. No es fácil dormir en un aeropuerto, aunque merece la pena si el destino es Viena. Antes, habíamos pasado el día en Montparnasse, concretamente en el Smoke, un bar de jazz de este barrio parisino que hemos hecho nuestro.

Por la mañana, aún habíamos amanecido en Estocolmo. En la tierra de los Nobel, yo me quedo con las suecas. Ellas sí son dignas de premio. La ciudad es diferente, pero bella también. Está formada por varias islas, es ordenada, limpia...Lou Reed llegó a decir: ¿Estocolmo? Qué miedo, allí todo funciona. Esa frase la define bastante bien. El nivel de vida es muy elevado y equitativo en su sociedad y eso se nota. La noche escandinava es movida, parece que se transforma la población cuando apagan las luces de la ciudad. En Estocolmo, éramos un grupo de diez personas (casi todos asistentes). Estocolmo es la patria de Pipi Calzaslargas y las tiendas para turistas dan buena cuenta de ello. También hay vikingos, muchos vikingos y un gran museo donde se recrean todas sus andanzas casi a la perfección.

Como no teníamos nada que hacer hasta tomar el avión a Estocolmo, pasamos el día dando vueltas por París. La tarde-noche y la noche estuvimos entre el Smoke y un pub donde las cervezas eran baratas para lo que es París (fue un momento muy Erasmus, aquí estábamos mucha gente de diferentes lugares). Por la mañana, volvimos al cementerio de Montparnasse a ver a algunos amigos que aún faltaban por saludar: César Vallejo, Marguerite Duras y Ricardo, sobre todo Ricardo. Si alguna vez vais, id a la tumba de Ricardo. Nadie sabe quién es este tipo, pero su tumba es un gato gigante de colores. Fuimos al parque donde se paseaba Cortázar y visitamos la ciudad universitaria. Estuvimos en la casa de Argentina para encontrar a una vieja amiga de mi amigo.

La noche anterior había estado preparando la maleta en Sablé, con cuidado de no olvidar nada. Me esperaban 10 días de vacaciones.

Abrazos,

Alfonso Cobo

PD: Son las 21:54 de la noche en Sablé.

PD: Son las 21:59 de la noche en Sablé y acabo de leer el e-mail antes de enviarlo.

PD: Son las 23:14 del martes 4 de marzo. Mi padre me aconsejó publicar este texto en el blog et voilà.

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El poeta puede

El poeta puede ver el beso
medio lleno o medio vacío
El poeta lima
El poeta lame
El poeta no tiene lema
El poeta le busca todas las vueltas a Roma
rema que te rema
rima que te rima
de ramo en ramo
El poeta puede volar por los aires
y estrellarse en el cielo.
Acaso entonces se da cuenta:
su poema ha llegado a su ocaso.

Mañana iremos todos juntos a comer croquetas

Estaba en Madrid. Tenía un trabajo bonito y mal pagado. Vivía rodeado de libros, de viejas y de nuevas historias. Esa tarde era un parque y primavera. Una llamada cerró el parque y nubló el cielo. No quiero escribir aquí sobre las lágrimas que recorrieron aquel trayecto de vuelta a casa. Me niego.

Yo escribo aquí sobre el río de generosidad que se desbordaba siempre a tu paso. Me gustaría hablar también de la lluvia. En tu casa diluviaban besos. Yo he crecido regado por tu cariño y tu alegría.

Han pasado seis años y tu río no se seca porque siempre llueves, abuela.

Me gustaría mucho decirte que soy feliz y que mañana, después de misa con zapatos nuevos, iremos todos juntos a comer croquetas.





Tarde de frío

El domingo tirita
cuando se hace de noche
y sabe que su tiempo aquí se acaba.

Bicicletas de invierno
reclaman su condición de juguete de verano
y las manos en el manillar
suplican guantes a Dios.

La lluvia
se presenta en la escena
sin tarjeta de invitación.
La dejan pasar
a pesar de eso.

No hay manual para calles mojadas
cansadas de asfalto
ni instrucciones para sortear
charcos.

Pedales y frenos.
Luces.
Intermitentes.

Algún día el viento
te dirá algo.