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La habitación


La habitación no era muy grande, pero tenía una litera extraña, más grande de lo habitual. Tanto en la parte de arriba como en la de abajo podían dormir dos personas sin estar apretadas. O apretadas. Eso ya depende de las personas que allí durmieran. Tenía una ventana. Una ventana antigua, propia de las viejas viviendas de aquella ciudad francesa. Daba a un pequeño patio interior. Cuando la abrías, chirriaba. Enfrente había otra ventana. En ocasiones,se asomaba a ella un espía inesperado. Era un pequeño gato que, aunque parecía inofensivo, parecía que quisiera controlar cada uno de nuestros movimientos. Pero volvamos dentro. La habitación tenía un armario (lleno ya de su ropa)y un escritorio (lleno ya de sus cosas, lleno ya de mis cosas). También había un pequeño espejo. Me gustaba su reflejo. Podía verla dos veces. La pared se llenó de postales. Un día, era ya verano, se despegaron algunas y cayeron al suelo. Pocos días después, la habitación se quedó vacía; y su ventana, cerrada. Sólo quedan dos cosas en la habitación: el eco y el aroma de sábanas manchadas de amor.

Comentarios

Beluka ha dicho que…
Qué tal te trata la france? No te dejan actualizar? A mí creo que me dejarán. Eres afortunado no yendo a la presentación... tómate una a nuestra salud, nos tomaremos una a la tuya ;)
Besiños!

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El poeta puede

El poeta puede ver el beso
medio lleno o medio vacío
El poeta lima
El poeta lame
El poeta no tiene lema
El poeta le busca todas las vueltas a Roma
rema que te rema
rima que te rima
de ramo en ramo
El poeta puede volar por los aires
y estrellarse en el cielo.
Acaso entonces se da cuenta:
su poema ha llegado a su ocaso.

Mañana iremos todos juntos a comer croquetas

Estaba en Madrid. Tenía un trabajo bonito y mal pagado. Vivía rodeado de libros, de viejas y de nuevas historias. Esa tarde era un parque y primavera. Una llamada cerró el parque y nubló el cielo. No quiero escribir aquí sobre las lágrimas que recorrieron aquel trayecto de vuelta a casa. Me niego.

Yo escribo aquí sobre el río de generosidad que se desbordaba siempre a tu paso. Me gustaría hablar también de la lluvia. En tu casa diluviaban besos. Yo he crecido regado por tu cariño y tu alegría.

Han pasado seis años y tu río no se seca porque siempre llueves, abuela.

Me gustaría mucho decirte que soy feliz y que mañana, después de misa con zapatos nuevos, iremos todos juntos a comer croquetas.





Tarde de frío

El domingo tirita
cuando se hace de noche
y sabe que su tiempo aquí se acaba.

Bicicletas de invierno
reclaman su condición de juguete de verano
y las manos en el manillar
suplican guantes a Dios.

La lluvia
se presenta en la escena
sin tarjeta de invitación.
La dejan pasar
a pesar de eso.

No hay manual para calles mojadas
cansadas de asfalto
ni instrucciones para sortear
charcos.

Pedales y frenos.
Luces.
Intermitentes.

Algún día el viento
te dirá algo.