No entiendo su idioma, pero sus gestos lo dicen todo. Ha de estar muy enojada con su hijo. Se miran con desprecio, se echan en cara algo. No sé qué. El hijo, con un flequillo que le tapa casi por completo sus ojos rasgados, inicia un monólogo que nunca termina en diálogo. Él lleva una una enorme bolsa gris -no se puede ver lo que hay en su interior-. Ella lleva una carpeta y una libreta entre los brazos. Murmullos efímeros. Tengan cuidado. Pueden caerse entre coche y andén. -¿Me acompañas al médico? -Sí, claro. Pero después ven tú conmigo a esa tienda que está enfrente del kiosco de prensa de Callao. Les informamos que por una avería el servicio no se reestablecerá hasta dentro 5 ó 10 minutos. -Siempre igual ehh. No saben cómo jodernos ya. Nos despertamos a las seis de la mañana para ir a trabajar y sólo queremos llegar a casa a estas horas. -¡Pero ya corre, levántate! ¡Que nos la saltamos! ¡Es nuestra parada! Risas que se pierden. Tengan cuidado. Pueden caerse entre coche y andén. Una...
La guarida de los náufragos ©