Ir al contenido principal

La espera


¿Quién es la misteriosa muchacha de rojo? ¿A quién aguarda en la vieja estación cubierta de agua? En ese andén ya no se detendrá el tren que esperaba. Y ahora, quizás no llegue la persona que deseaba ver. Pero ella está allí, en una de las vías, con su paraguas azul y blanco. No pierde la esperanza de que la vieja locomotora resista y llegue un vagón con la respuesta a sus anhelos. Ni la mayor de las tempestades la moverá de ese andén. Piensa que quien espera y tiene paciencia, obtiene su recompensa. Entre las aguas, entre las vías, su corazón late vivo. Puede que lleve razón.

Comentarios

post-scripta ha dicho que…
Era yo, de seguro...

dos besos!
Julián Carax ha dicho que…
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
MaleNa ha dicho que…
Que bello texto.

Me encantan las estaciones de trenes, los vestidos rojos y que alguien me espere con un abrazo.

Gracias por tu bella compañia.

Besos.
1234567ycasillego ha dicho que…
talvez era penelope :P, sea como sea, esperar bajo la lluvia y con el cuerpo reflejando color, es sin duda algo hermoso, de hacer y de encontrar, ojala todos pudiesemos vivir la experiencia de la espera y los encuentros.

Es hermoso.

Un abrazo.

S.
ka ha dicho que…
Pues ojala que su espera valga la pena...muy buena imagen.

Gracias por tu visita.

besos

Entradas populares de este blog

El poeta puede

El poeta puede ver el beso
medio lleno o medio vacío
El poeta lima
El poeta lame
El poeta no tiene lema
El poeta le busca todas las vueltas a Roma
rema que te rema
rima que te rima
de ramo en ramo
El poeta puede volar por los aires
y estrellarse en el cielo.
Acaso entonces se da cuenta:
su poema ha llegado a su ocaso.

Mañana iremos todos juntos a comer croquetas

Estaba en Madrid. Tenía un trabajo bonito y mal pagado. Vivía rodeado de libros, de viejas y de nuevas historias. Esa tarde era un parque y primavera. Una llamada cerró el parque y nubló el cielo. No quiero escribir aquí sobre las lágrimas que recorrieron aquel trayecto de vuelta a casa. Me niego.

Yo escribo aquí sobre el río de generosidad que se desbordaba siempre a tu paso. Me gustaría hablar también de la lluvia. En tu casa diluviaban besos. Yo he crecido regado por tu cariño y tu alegría.

Han pasado seis años y tu río no se seca porque siempre llueves, abuela.

Me gustaría mucho decirte que soy feliz y que mañana, después de misa con zapatos nuevos, iremos todos juntos a comer croquetas.





Tarde de frío

El domingo tirita
cuando se hace de noche
y sabe que su tiempo aquí se acaba.

Bicicletas de invierno
reclaman su condición de juguete de verano
y las manos en el manillar
suplican guantes a Dios.

La lluvia
se presenta en la escena
sin tarjeta de invitación.
La dejan pasar
a pesar de eso.

No hay manual para calles mojadas
cansadas de asfalto
ni instrucciones para sortear
charcos.

Pedales y frenos.
Luces.
Intermitentes.

Algún día el viento
te dirá algo.