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Viaje en metro

Si llueve, encontrarás a dos marroquíes que juntan en una sola sílaba "un paraguas, dos euros".

Si tienes frío en los pies, verás a un chino que tiene un puñado de calcetines: tres pares, cinco euros.

Si quieres escuchar la música de un acordeón, verás a un rumano que sonríe sin risa.

Si buscas la última película de Scorsese, un malí que vino en patera, te ofrece un top manta con todos los infiltrados.

Si tienes sueño, duérmete. Cuando despiertes, si tienes sueño, vuélvete a dormir, que aún queda tiempo para llegar a casa.

Comentarios

Beluka ha dicho que…
Qué grande que es el metro, eh? Esa línea 6 con su clásico arrimamiento de cebolleta del macho ajeno en momentos de colapso por asfixia, la china de los "palaguapalagua", las pocas obras en búsqueda del tesoro de Gallardón...
Un besiño y buena semana!
angel ha dicho que…
Muy buen poema, con toda la fuerza de los cambios que ni el dormir suspende o altera.

Saludos...
Julián Carax ha dicho que…
Me llena de alegría leer tu comentario y de energías renovadas para seguir escribiendo. Sigo tu Noctambulario desde hace mucho tiempo y es genial, magnífica la selección de fotografías y poemas que haces cada mes.

Llenaré otro calendario más leyéndo Noctambulario.

Un abrazo

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El poeta puede

El poeta puede ver el beso
medio lleno o medio vacío
El poeta lima
El poeta lame
El poeta no tiene lema
El poeta le busca todas las vueltas a Roma
rema que te rema
rima que te rima
de ramo en ramo
El poeta puede volar por los aires
y estrellarse en el cielo.
Acaso entonces se da cuenta:
su poema ha llegado a su ocaso.

Mañana iremos todos juntos a comer croquetas

Estaba en Madrid. Tenía un trabajo bonito y mal pagado. Vivía rodeado de libros, de viejas y de nuevas historias. Esa tarde era un parque y primavera. Una llamada cerró el parque y nubló el cielo. No quiero escribir aquí sobre las lágrimas que recorrieron aquel trayecto de vuelta a casa. Me niego.

Yo escribo aquí sobre el río de generosidad que se desbordaba siempre a tu paso. Me gustaría hablar también de la lluvia. En tu casa diluviaban besos. Yo he crecido regado por tu cariño y tu alegría.

Han pasado seis años y tu río no se seca porque siempre llueves, abuela.

Me gustaría mucho decirte que soy feliz y que mañana, después de misa con zapatos nuevos, iremos todos juntos a comer croquetas.





Tarde de frío

El domingo tirita
cuando se hace de noche
y sabe que su tiempo aquí se acaba.

Bicicletas de invierno
reclaman su condición de juguete de verano
y las manos en el manillar
suplican guantes a Dios.

La lluvia
se presenta en la escena
sin tarjeta de invitación.
La dejan pasar
a pesar de eso.

No hay manual para calles mojadas
cansadas de asfalto
ni instrucciones para sortear
charcos.

Pedales y frenos.
Luces.
Intermitentes.

Algún día el viento
te dirá algo.