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Promesas estivales

Prometo conjugar los verbos adecuados
Prometo no mirar los calendarios
Prometo cantarte en francés al oído
Prometo no asustarme de los reflejos
Prometo silbar en los días silenciosos
Prometo despertar un mar en calma
Prometo agitar la espera
Prometo no abrirte la nevera
Prometo callarme al bajar las persianas
Prometo perderme si hallo el camino
Prometo no hacer ruido cuando te duermas
Prometo dibujar siluetas en los sueños
Prometo salirme del guión

Te lo prometo

Comentarios

AnadelRocio ha dicho que…
No sé porqué has clavado la situación en la que me encuentro en el día de hoy, muchas gracias por haber puesto tus palabras en el espacio para 'que yo pudiera encontrarlas' ;-)
Julián Carax ha dicho que…
Me halaga tu comentario, me alegra que surques por mis mares. Veo por tu blog que eres de la facultad , pero no te identifico. De todas formas, un beso marino. Espero seguir descubriéndote palabras. Si me apuras...te lo prometo
AnadelRocio ha dicho que…
PUes sí soy de la facultad, y la verdad que no sé cómo he dado con tu blog :-S Pero bueno, me alegra dar con alguien que ha compartido, aunque sea en clase ( y a distancia) un trocito d mi vida, aunque quizás no hayamos entablado amistad en esos cuatro años, siempre quedan los buenos recuerdos y los arrepentimientos de no haber hecho algo como por ejemplo, entabalr amistad con más gente.... Pero en los años de carrera no sólo es estudiar, surge muchas complicaciones.... Al menos en mi caso.
Pero bueno, que este no es el caso, me alegro mucho de verte por el espacio y poder seguir esperando tus entradas cuando visito tu blog. Un beso...


Ahh!!!Se me olvidaba, soy Ana Bermejo de Huelva ;-)

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El poeta puede

El poeta puede ver el beso
medio lleno o medio vacío
El poeta lima
El poeta lame
El poeta no tiene lema
El poeta le busca todas las vueltas a Roma
rema que te rema
rima que te rima
de ramo en ramo
El poeta puede volar por los aires
y estrellarse en el cielo.
Acaso entonces se da cuenta:
su poema ha llegado a su ocaso.

Mañana iremos todos juntos a comer croquetas

Estaba en Madrid. Tenía un trabajo bonito y mal pagado. Vivía rodeado de libros, de viejas y de nuevas historias. Esa tarde era un parque y primavera. Una llamada cerró el parque y nubló el cielo. No quiero escribir aquí sobre las lágrimas que recorrieron aquel trayecto de vuelta a casa. Me niego.

Yo escribo aquí sobre el río de generosidad que se desbordaba siempre a tu paso. Me gustaría hablar también de la lluvia. En tu casa diluviaban besos. Yo he crecido regado por tu cariño y tu alegría.

Han pasado seis años y tu río no se seca porque siempre llueves, abuela.

Me gustaría mucho decirte que soy feliz y que mañana, después de misa con zapatos nuevos, iremos todos juntos a comer croquetas.





Tarde de frío

El domingo tirita
cuando se hace de noche
y sabe que su tiempo aquí se acaba.

Bicicletas de invierno
reclaman su condición de juguete de verano
y las manos en el manillar
suplican guantes a Dios.

La lluvia
se presenta en la escena
sin tarjeta de invitación.
La dejan pasar
a pesar de eso.

No hay manual para calles mojadas
cansadas de asfalto
ni instrucciones para sortear
charcos.

Pedales y frenos.
Luces.
Intermitentes.

Algún día el viento
te dirá algo.