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Promesas estivales

Prometo conjugar los verbos adecuados
Prometo no mirar los calendarios
Prometo cantarte en francés al oído
Prometo no asustarme de los reflejos
Prometo silbar en los días silenciosos
Prometo despertar un mar en calma
Prometo agitar la espera
Prometo no abrirte la nevera
Prometo callarme al bajar las persianas
Prometo perderme si hallo el camino
Prometo no hacer ruido cuando te duermas
Prometo dibujar siluetas en los sueños
Prometo salirme del guión

Te lo prometo

Comentarios

AnadelRocio ha dicho que…
No sé porqué has clavado la situación en la que me encuentro en el día de hoy, muchas gracias por haber puesto tus palabras en el espacio para 'que yo pudiera encontrarlas' ;-)
Julián Carax ha dicho que…
Me halaga tu comentario, me alegra que surques por mis mares. Veo por tu blog que eres de la facultad , pero no te identifico. De todas formas, un beso marino. Espero seguir descubriéndote palabras. Si me apuras...te lo prometo
AnadelRocio ha dicho que…
PUes sí soy de la facultad, y la verdad que no sé cómo he dado con tu blog :-S Pero bueno, me alegra dar con alguien que ha compartido, aunque sea en clase ( y a distancia) un trocito d mi vida, aunque quizás no hayamos entablado amistad en esos cuatro años, siempre quedan los buenos recuerdos y los arrepentimientos de no haber hecho algo como por ejemplo, entabalr amistad con más gente.... Pero en los años de carrera no sólo es estudiar, surge muchas complicaciones.... Al menos en mi caso.
Pero bueno, que este no es el caso, me alegro mucho de verte por el espacio y poder seguir esperando tus entradas cuando visito tu blog. Un beso...


Ahh!!!Se me olvidaba, soy Ana Bermejo de Huelva ;-)

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Veo en un pequeño recuadro
que ahora eres amiga de
Brian y Marcella
y que a las nueve de este otoño
irás a beber melancolía
de once grados con Luis.

Descubro que te gusta
pisar los charcos
cuando llueve
y que detestas los inviernos
en abril.

Aunque ya no hablo contigo,
conozco tu ciudad actual
y recuerdo cuál fue tu origen,
que cumples años en diciembre
y te gusta prender fuego
al calendario si te arrastra
la nostalgia en primavera.

Últimamente has viajado a Lisboa,
intuyo que te mecen los tranvías
y te seducen los viejos cafés
color sepia.
Lo sé por tu fotografía
en aquella calle de Bruselas,
donde Magritte fumaba en pipa dorada.

Sueles cambiar de cara a menudo,
me divierten tus gafas de sol
en noviembre
y disfruto con tu colección de sonrisas
o el último vestido azul
que guardas en tu perfil.

Vuelves a estar soltera,
aunque te acompañan ciento veinte
comentarios por debajo
dándote ánimos
y diciendo que él era un idiota.

Aún tiritas cuando alguien te habla
del pasado.
Por eso has borrado mi felicitación
de cumpleaños
y ha…

Abuelo Paco

En memoria de mi querido abuelo Paco,
que se marchó hace 24 años.


Siete años
y era invierno.
Yo aún no lo sabía.
Con esa edad
nadie te enseña
a escribir
la palabra muerte.
Así que pinté
a mi abuelo en
un dibujo:
estaba rodeado
de sí mismo
y podía flotar
encima de las nubes.
Yo las pinté blancas,
sin saber
que era un día gris.
Hoy tengo ya memoria.
Puedo incluso perderla
o inventarla.
Yo recuerdo a un loco
con una bolsa de supermercado
en la cabeza.
También recuerdo a otro,
a las afueras del pueblo.
Cigarro en boca,
deambula entre la carretera
y los olivares.
Todo eso fue después,
cuando ya no estaba él.
Se me olvida el día
en que empecé a andar,
pero todavía sé mirar de pequeño
y levantar la cabeza
para ver personas grandes.
Yo te encuentro así, abuelo.

Trece febreros y dos días

Han pasado trece febreros.
Trece febreros y dos días.
El invierno era entonces distinto.
Más largo,
más frío.
Yo era un joven de secano
que buscaba mensajes en el mar.
Hoy,
trece febreros y dos días después
sé que no hay guaridas para náufragos
y que no hay náufrago
que no busque,
alguna vez,
una guarida.