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En la parte trasera

Qué hay detrás del giro de una estrella:
quizás el pensamiento del otro,
de ese que está lejos

Qué hay detrás del espejo roto:
quizás siguen los aleteos de una mariposa
que resiste a la primavera

Qué hay detrás de esas cuatro paredes:
quizás tú espíritu
y la lava blanca del volcán

Qué hay detrás de tu sonrisa:
quizás se esconde el tamaño del mundo
que cabe en tu pequeño bote de perfume

Comentarios

La Criticona ha dicho que…
Me encanta Son de Mar. Un pedazo de libro y de historia. Me ha dao alegría ver que tu blog se llamaba así. Saludos de una compi de facultad.
Anónimo ha dicho que…
Esta entrada me pareció la más idónea, quizá por fechas, creo que más por lo que me dice. Aquí está pues lo que te prometí que agregaría. Besos! phj

De vuelta en México, un mes ya ha pasado, ayer, antes, hoy, ¿y luego?
Lyon está tan lejos, 10 horas en avión son mucho más que eso.
Amigos dispersos por el mundo, conocidos que bien sé nunca más veré. El Atlántico, las fronteras, este mundo... ¿y el otro? ¿Dónde está nuestro espacio donde estábamos a salvo de todo lo demás?¿Dónde estamos nosotros?
Ahora impera el redefinirse, no se es lo que se era antes, ni lo que se fue en versión francesa. Hoy se es, ¿qué somos? Ni siquiera quien lo representa lo sabe, así estamos todos.
Tan lejos, tan cerca, opuestos a lo antes dicho, a lo antes vivido, a lo antes creido.
Hoy se es y siendo se intenta averiguar lo que serlo significa. Eso pasa y punto.

Entradas populares de este blog

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Veo en un pequeño recuadro
que ahora eres amiga de
Brian y Marcella
y que a las nueve de este otoño
irás a beber melancolía
de once grados con Luis.

Descubro que te gusta
pisar los charcos
cuando llueve
y que detestas los inviernos
en abril.

Aunque ya no hablo contigo,
conozco tu ciudad actual
y recuerdo cuál fue tu origen,
que cumples años en diciembre
y te gusta prender fuego
al calendario si te arrastra
la nostalgia en primavera.

Últimamente has viajado a Lisboa,
intuyo que te mecen los tranvías
y te seducen los viejos cafés
color sepia.
Lo sé por tu fotografía
en aquella calle de Bruselas,
donde Magritte fumaba en pipa dorada.

Sueles cambiar de cara a menudo,
me divierten tus gafas de sol
en noviembre
y disfruto con tu colección de sonrisas
o el último vestido azul
que guardas en tu perfil.

Vuelves a estar soltera,
aunque te acompañan ciento veinte
comentarios por debajo
dándote ánimos
y diciendo que él era un idiota.

Aún tiritas cuando alguien te habla
del pasado.
Por eso has borrado mi felicitación
de cumpleaños
y ha…

Abuelo Paco

En memoria de mi querido abuelo Paco,
que se marchó hace 24 años.


Siete años
y era invierno.
Yo aún no lo sabía.
Con esa edad
nadie te enseña
a escribir
la palabra muerte.
Así que pinté
a mi abuelo en
un dibujo:
estaba rodeado
de sí mismo
y podía flotar
encima de las nubes.
Yo las pinté blancas,
sin saber
que era un día gris.
Hoy tengo ya memoria.
Puedo incluso perderla
o inventarla.
Yo recuerdo a un loco
con una bolsa de supermercado
en la cabeza.
También recuerdo a otro,
a las afueras del pueblo.
Cigarro en boca,
deambula entre la carretera
y los olivares.
Todo eso fue después,
cuando ya no estaba él.
Se me olvida el día
en que empecé a andar,
pero todavía sé mirar de pequeño
y levantar la cabeza
para ver personas grandes.
Yo te encuentro así, abuelo.

Trece febreros y dos días

Han pasado trece febreros.
Trece febreros y dos días.
El invierno era entonces distinto.
Más largo,
más frío.
Yo era un joven de secano
que buscaba mensajes en el mar.
Hoy,
trece febreros y dos días después
sé que no hay guaridas para náufragos
y que no hay náufrago
que no busque,
alguna vez,
una guarida.