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En la parte trasera

Qué hay detrás del giro de una estrella:
quizás el pensamiento del otro,
de ese que está lejos

Qué hay detrás del espejo roto:
quizás siguen los aleteos de una mariposa
que resiste a la primavera

Qué hay detrás de esas cuatro paredes:
quizás tú espíritu
y la lava blanca del volcán

Qué hay detrás de tu sonrisa:
quizás se esconde el tamaño del mundo
que cabe en tu pequeño bote de perfume

Comentarios

La Criticona ha dicho que…
Me encanta Son de Mar. Un pedazo de libro y de historia. Me ha dao alegría ver que tu blog se llamaba así. Saludos de una compi de facultad.
Anónimo ha dicho que…
Esta entrada me pareció la más idónea, quizá por fechas, creo que más por lo que me dice. Aquí está pues lo que te prometí que agregaría. Besos! phj

De vuelta en México, un mes ya ha pasado, ayer, antes, hoy, ¿y luego?
Lyon está tan lejos, 10 horas en avión son mucho más que eso.
Amigos dispersos por el mundo, conocidos que bien sé nunca más veré. El Atlántico, las fronteras, este mundo... ¿y el otro? ¿Dónde está nuestro espacio donde estábamos a salvo de todo lo demás?¿Dónde estamos nosotros?
Ahora impera el redefinirse, no se es lo que se era antes, ni lo que se fue en versión francesa. Hoy se es, ¿qué somos? Ni siquiera quien lo representa lo sabe, así estamos todos.
Tan lejos, tan cerca, opuestos a lo antes dicho, a lo antes vivido, a lo antes creido.
Hoy se es y siendo se intenta averiguar lo que serlo significa. Eso pasa y punto.

Entradas populares de este blog

El poeta puede

El poeta puede ver el beso
medio lleno o medio vacío
El poeta lima
El poeta lame
El poeta no tiene lema
El poeta le busca todas las vueltas a Roma
rema que te rema
rima que te rima
de ramo en ramo
El poeta puede volar por los aires
y estrellarse en el cielo.
Acaso entonces se da cuenta:
su poema ha llegado a su ocaso.

Mañana iremos todos juntos a comer croquetas

Estaba en Madrid. Tenía un trabajo bonito y mal pagado. Vivía rodeado de libros, de viejas y de nuevas historias. Esa tarde era un parque y primavera. Una llamada cerró el parque y nubló el cielo. No quiero escribir aquí sobre las lágrimas que recorrieron aquel trayecto de vuelta a casa. Me niego.

Yo escribo aquí sobre el río de generosidad que se desbordaba siempre a tu paso. Me gustaría hablar también de la lluvia. En tu casa diluviaban besos. Yo he crecido regado por tu cariño y tu alegría.

Han pasado seis años y tu río no se seca porque siempre llueves, abuela.

Me gustaría mucho decirte que soy feliz y que mañana, después de misa con zapatos nuevos, iremos todos juntos a comer croquetas.





Tarde de frío

El domingo tirita
cuando se hace de noche
y sabe que su tiempo aquí se acaba.

Bicicletas de invierno
reclaman su condición de juguete de verano
y las manos en el manillar
suplican guantes a Dios.

La lluvia
se presenta en la escena
sin tarjeta de invitación.
La dejan pasar
a pesar de eso.

No hay manual para calles mojadas
cansadas de asfalto
ni instrucciones para sortear
charcos.

Pedales y frenos.
Luces.
Intermitentes.

Algún día el viento
te dirá algo.