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Huir del tiempo

Y apareció Aute con esta bella canción y me hizo pensar en lo rápido que pasa el tiempo. Quisiera hacer como los relojes de esta canción y huir, escaparme del paso del tiempo. Y congelar el momento actual, y que la vida fuese eterna en cinco minutos...

Era la noche como un suave infierno
de diablos borrachos
cantando a la luna de Tepoztlán.
Bajo el sombrero de un árbol de estrellas
brotaban corridos de amores quemados bajo el volcán.
Cuando llegaste, de pronto una luzde luna escarlata
cayó en cataratadesde una pirámide.
Sobre tu pecho colgaba una cruz
y como un consuelo arropaba tu duelo
el calor de una clámide.
Y nos dijiste: "permítanme,voy a quedarme cinco minutos,
cinco minutos, los que me quedan,
y olvido el luto,cinco minutos,
cinco y no más".
Y esos minutos tomaron tequila,
cantando, riendo, llorandoa la luna de Tepoztlan.
Y los relojes huyeron del tiempo
cuando alguien te dijo:
"Señora,las diosas nunca se van".
Y despertaron al amanecer perdidos arrojos
en tus negros ojos heridos por el dolor.
Cuando dijiste: "amar no es perder",
Sam Peckinpah, arriba,brindó con un "viva,Señora, ¡por el amor!
"Y nos dijiste: permítanme...
Knock, knock, knock, knockin'on Heaven's door...

Comentarios

atemporal ha dicho que…
atemporal, sueño con ser atemporal y q todos y todo lo q me rodea tb lo sea... el tiempo duele
phj ha dicho que…
El tiempo... aún hay tiempo! J.Carax

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El poeta puede

El poeta puede ver el beso
medio lleno o medio vacío
El poeta lima
El poeta lame
El poeta no tiene lema
El poeta le busca todas las vueltas a Roma
rema que te rema
rima que te rima
de ramo en ramo
El poeta puede volar por los aires
y estrellarse en el cielo.
Acaso entonces se da cuenta:
su poema ha llegado a su ocaso.

Mañana iremos todos juntos a comer croquetas

Estaba en Madrid. Tenía un trabajo bonito y mal pagado. Vivía rodeado de libros, de viejas y de nuevas historias. Esa tarde era un parque y primavera. Una llamada cerró el parque y nubló el cielo. No quiero escribir aquí sobre las lágrimas que recorrieron aquel trayecto de vuelta a casa. Me niego.

Yo escribo aquí sobre el río de generosidad que se desbordaba siempre a tu paso. Me gustaría hablar también de la lluvia. En tu casa diluviaban besos. Yo he crecido regado por tu cariño y tu alegría.

Han pasado seis años y tu río no se seca porque siempre llueves, abuela.

Me gustaría mucho decirte que soy feliz y que mañana, después de misa con zapatos nuevos, iremos todos juntos a comer croquetas.





Tarde de frío

El domingo tirita
cuando se hace de noche
y sabe que su tiempo aquí se acaba.

Bicicletas de invierno
reclaman su condición de juguete de verano
y las manos en el manillar
suplican guantes a Dios.

La lluvia
se presenta en la escena
sin tarjeta de invitación.
La dejan pasar
a pesar de eso.

No hay manual para calles mojadas
cansadas de asfalto
ni instrucciones para sortear
charcos.

Pedales y frenos.
Luces.
Intermitentes.

Algún día el viento
te dirá algo.