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Fuimos lo que fuimos

A veces, las letras las pone otro. Jorge Drexler llegó a una de las playas donde el mar acuesta su son. Esta canción dice tantas cosas...

Porque entre el lunes y el martes, me sobra tiempo para necesitarte
Porque me miento si digo, que tu mirada no fue mi mejor testigo
Porque aunque ya no me duelas, a veces busco tu nombre en mi chistera
Porque aún no vino el olvido, para llevarse el último de tus abrigos

Por los besos que aún nos quedan en la boca
por los miles de homenajes que nos dimos
por nadar y no guardar nunca la ropa
por los dedos juguetones del destino
porque fuimos lo que fuimos, porque fuimos lo que fuimos...

Porque puesto a confesarte, aún le tengo miedo a tenerte delante
Porque en cuanto me descuido, me atropella algún recuerdo en el pasillo
Porque no puedo negarte, que te quise sin querer y más que a nadie
Porque mi doctor previno, que para este corazón estás prohibido

Comentarios

Circe ha dicho que…
No sé dónde oí (probablemente en una película de disney, o de sobremesa de antena 3, o algo por el estilo de hortera) que todos tenemos una especie de alma gemela, en las antípodas. No es exactamente un alma gemela, sino algo así como un doble, alguien que lleva una vida paralela a la tuya, que siente lo mismo que tú. Cuando una de las dos partes sufre en una parte del planeta, la otra también, y lo mismo pasa con las alegrías. Es posible que, simultáneamente, las dos partes se estremezcan al leer el mismo poema desconocido, o lloren escuchando la misma canción porque los dos están pasando por el mismo momento jodido. El problema es que uno nunca puede conocer a su antípoda, porque cuando siente deseos de viajar , su antípoda también los siente, y siempre están así, sin encontrarse jamás. Puede que la antípoda no esté exactamente en una isla del pacífico, que es donde le correspondería estar a la mía, sino más cerca, pongamos que en una ciudad francesa, y que cuando sienta deseos de volver a su ciudad del sur de España , como la ley de las antípodas es inquebrantable, con este movimiento mande a su otra antípoda al Norte, de donde ella viene. :)
Lo que la ley de las antípodas no contemplaba eran las nuevas tecnologías, claro :-p . Y es que cada vez que me meto en tú blog flipo: las mismas poesías, los mismos libros, las mismas heridas al mismo tiempo, y la misma canción que se lleva repitiendo periódicamente en mi cabeza desde hace dos meses.
Pues a ver si empezamos con la parte de las alegrías, porque estos meses, para mí, están siendo una de las peores épocas de mi vida…. Así que ya te puedes dar una gran alegría, cabrón , y a ver si se me contagia algo! :-p

P.D: Harta de penas, dejé lo que estaba leyendo y cogí un libro “a favor del placer”: “La novia de Matisse”… me está gustando

Pau

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El poeta puede

El poeta puede ver el beso
medio lleno o medio vacío
El poeta lima
El poeta lame
El poeta no tiene lema
El poeta le busca todas las vueltas a Roma
rema que te rema
rima que te rima
de ramo en ramo
El poeta puede volar por los aires
y estrellarse en el cielo.
Acaso entonces se da cuenta:
su poema ha llegado a su ocaso.

Mañana iremos todos juntos a comer croquetas

Estaba en Madrid. Tenía un trabajo bonito y mal pagado. Vivía rodeado de libros, de viejas y de nuevas historias. Esa tarde era un parque y primavera. Una llamada cerró el parque y nubló el cielo. No quiero escribir aquí sobre las lágrimas que recorrieron aquel trayecto de vuelta a casa. Me niego.

Yo escribo aquí sobre el río de generosidad que se desbordaba siempre a tu paso. Me gustaría hablar también de la lluvia. En tu casa diluviaban besos. Yo he crecido regado por tu cariño y tu alegría.

Han pasado seis años y tu río no se seca porque siempre llueves, abuela.

Me gustaría mucho decirte que soy feliz y que mañana, después de misa con zapatos nuevos, iremos todos juntos a comer croquetas.





Tarde de frío

El domingo tirita
cuando se hace de noche
y sabe que su tiempo aquí se acaba.

Bicicletas de invierno
reclaman su condición de juguete de verano
y las manos en el manillar
suplican guantes a Dios.

La lluvia
se presenta en la escena
sin tarjeta de invitación.
La dejan pasar
a pesar de eso.

No hay manual para calles mojadas
cansadas de asfalto
ni instrucciones para sortear
charcos.

Pedales y frenos.
Luces.
Intermitentes.

Algún día el viento
te dirá algo.